
...el público toma de un escritor, o de un escrito, lo que necesita y deja pasar lo demás. pero normalmente suelen tomar lo que menos necesitan y dejan ir lo que más necesitan. sin embargo, todo esto me permite ejecutar mis pequeños movimientos sagrados sin molestarme si los entendieron. entonces no habría más creadores, estaríamos todos en la misma olla de mierda. tal como están ahora las cosas, yo estoy en mi olla de mierda y ellos están en las suyas. y creo que la mía apesta mejor.
el sexo es interesante pero no tiene una importancia tan total. quiero decir, no es ni siquiera tan importante (físicamente) como la excreción. un hombre puede tirar setenta años sin comerse una rosca, pero puede morir en una semana si no mueve las tripas.
aquí en Estados Unidos, especialmente,
lo sexual se exagera dándosele mucha mayor importancia de la que tiene. una mujer con un cuerpo atractivo lo convierte de inmediato en un arma para el progreso MATERIAL. y no me refiero a la puta de la casa de putas, me refiero a tu madre y a tu hermana y tu mujer y tu hija. y el varón norteamericano es el mamón (mal término, sí) que perpetúa el extremismo del fraude. pero al varón norteamericano le han machacado los sesos la educación oficial norteamericana y el padre preatontado norteamericano y el monstruo Publicidad norteamericano mucho antes de llegar a los doce años. está preparado y la mujer está lista para hacerle suplicar y llevarse los dólares. por eso una puta profesional con una toalla debajo del colchón es tan odiada por su colega la otra puta profesional (el casi recordatorio de feminidad; ¡hay ALGUNAS mujeres buenas, gracias a Dios!) y por la ley. la puta abiertamente profesional constituye amenaza para toda la sociedad norteamericana de Lucha y Roba hasta la tumba. devalúa el coño.
sí, se estima lo sexual en muchísimo más de lo que vale. fíjate alguna vez, en tu periódico (no lo encontrarás aquí en «Open City» salvo de cachondeo). un grupo de candidatas en traje de baño posando para una foto para algún concurso de belleza, o algo parecido, para la reina de esto o aquello. mira esas piernas, esos lomos largos, los pechos... hay cierta magia en ello, no hay duda. y esas chicas lo saben, más el precio de trato incorporado. LUEGO mira las ocho o diez caras, sonriendo. las sonrisas no sonríen, están talladas en rostros de papel, en papel carbón de muerte. las narices y las orejas y las bocas y las barbillas están adecuadamente moldeadas según nuestros cánones, pero las caras superan en fealdad la esencia toda de la brutalidad. no hay pensamiento alguno allí, no hay fuerza alguna, no hay densidad alguna, no hay la menor bondad... nada, nada. lisos y asesinados fulgores de piel. sin ojos. pero muestra esas caras de horror al varón norteamericano medio y dirá:
—sí, son tías de verdadera CLASE. no me las merezco.
luego ves a esas mismas ganadoras de concursos de belleza
años más tarde, viejas, en los supermercados; son melindrosas, chifladas, amargadas, groseras... invirtieron en algo perecedero, las engañaron; ten cuidado con los afilados cuchillos de sus carritos de la compra... son las locas del Universo.
así pues, para algunos escritores, incluido el gloriosamente impertinente Bukowski, el sexo es sin duda la tragicomedia. no escribo sobre sexo como instrumento de obsesión. escribo sobre él como una representación cómica en la que tienes que llorar, un poco, entre acto y acto. Giovanni Boccaccio lo escribió mucho mejor. tenía la distancia y el estilo. yo estoy demasiado cerca del objetivo para lograr gracia total. la gente piensa que soy sólo un marrano. si no has leído a Boccaccio, léelo. podrías empezar con «El Decamerón».
de todos modos, aún tengo cierta distancia y después de dos mil polvos, la mayoría de ellos no muy buenos, aún soy capaz de reírme de mí mismo y de mi trampa.
Fragmento de "Escritos de un viejo indecente" Charles Henry Bukowsky Jr.
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