martes, 22 de junio de 2010

Chomsky ante el supremo tribunal filosófico


Una carta que se convirtió en artículo
Por qué la intelectualidad francesa odia a Chomsky

Diana Johnstone
Counterpunch


Querido Noam:

Verte en París fue un placer largamente esperado por tus muchos amigos y admiradores. Sé que resultó cansado, pero no debes pensar que tu voz se fatigara en vano. Me temo que puedas haberte llevado una impresión muy negativa de algunos medios que parecen "no haber aprendido ni olvidado nada".

Sin embargo, me parece que lo brusco del tratamiento que te dispensó sobre todo Le Monde pone simplemente de relieve la importancia de tu visita y la honda significación geopolítica que tiene Chomsky en Francia.

Discúlpame si no presto atención en mi análisis a tu campo principal, la Lingüística, pues no me siento cualificada para hablar de ello. Pero tiendo a creer que puede que la animosidad que en Francia has despertado en ciertos círculos tenga menos que ver con la Lingüística que con tu papel de crítico, el más destacado, de la política exterior estadounidense. Sí, ya sabemos qué hay muchos más, pero Chomsky es de lejos el más conocido en el mundo entero. En mi opinión, este papel de virtual símbolo de la crítica moral sistemática de la política exterior estadounidense es la razón fundamental de la campaña contra ti que comenzó hace unos treinta años. A mi parecer, el alboroto que se registró primero en torno a Camboya y después sobre la defensa del derecho del profesor Robert Faurisson a expresar sus puntos de vista era en lo esencial un modo de desacreditar al principal crítico estadounidense del imperialismo de los Estados Unidos.

Hace falta que sitúe esta argumentación en su contexto.

El final de la Segunda Guerra Mundial dividió a Europa en dos grupos de satélites de las dos principales potencias victoriosas. Los métodos políticos de la Unión Soviética dejaron en evidencia para todos el estatus de satélite de Europa Oriental, y sobre todo para los ciudadanos de estos países, que eran conscientes de la coacción que les mantenía dentro del bloque comunista.

En Occidente, la opulencia estadounidense, la pronta complicidad de las clases dominantes autóctonas y los métodos bastante más sofisticados de persuasión política, que dramatizaban una "amenaza soviética", lograron con éxito convencer a los países satélites de que eran aliados voluntarios de los Estados Unidos. Esto funcionó la mayor parte del tiempo y hubo muy pocas excepciones temporales. Suecia, por ejemplo, que nunca había sido conquistada o liberada, tuvo momentos de auténtica independencia, especialmente con Olof Palme (cuyo oportuno asesinato ha echado gradualmente a Suecia a los brazos de la OTAN). En la década de 1960, Charles de Gaulle dio pasos de importancia destinados a recuperar la independencia política de Francia, al criticar sobre todo la guerra estadounidense en Indochina y tratar de estrechar relaciones con países del Tercer Mundo. Este giro quedó deshecho por los sucesos de mayo de 1968 y tras la caída de Gaulle se puso en marcha un proceso de normalización a fin de consolidar la hegemonía estadounidense en Francia de una vez por todas.

Ahora bien, debido precisamente a que Francia fue escenario de los impulsos más fuertes de independencia el proceso de normalización tenía que ser el más vigoroso.

La vanguardia de este proceso consistió en la operación mediática denominada de "les nouveaux philosophes", lanzada a mediados de la década de 1970. En aquella época yo estaba en París y pude asistir a su desarrollo. Los ataques a Chomsky formaban parte integral de esta campaña, destinada a desacreditar al extenso movimiento internacional contra la guerra estadounidense en Vietnam como "ingenuo" o "apologista del gulag", etc. Se trataba de una campaña política amplia y multifacética conducida por los medios para apartar a la opinión pública, sobre todo a la juventud de izquierdas, del Partido Comunista, del gaullismo social (Chaban-Delmas) [1], de la solidaridad con el Tercer Mundo, encaminándola hacia los "derechos humanos", entendiendo sobre todo los derechos humanos de los disidentes de aquellos países a cuyos gobiernos se oponían los Estados Unidos.

Intelectuales del poder

El papel de los intelectuales franceses en este proceso es bastante variado y sofisticado.

Para empezar, la naturaleza y papel de los "intelectuales del poder" es muy diferente, a veces hasta opuesto, en los Estados Unidos y en Francia.

En los Estados Unidos, los intelectuales del poder (los "nuevos mandarines"), bien numerosos, trabajan directamente para el gobierno, en comités de expertos -think tanks - o como asesores y editorialistas. Su "pensamiento" se dirige a reforzar el poder de los Estados Unidos en el mundo.

En Francia la situación es casi la opuesta, pues el "poder" de verdad para el que trabajan los intelectuales franceses del poder no es Francia sino los Estados Unidos, considerado protector necesario de "Occidente", contando a Israel.

En Francia, los intelectuales que trabajan para el gobierno proceden tradicionalmente de las mejores escuelas y se preocupan, desde luego, habitualmente de los intereses franceses. En privado, expresan con frecuencia su descontento por el servilismo francés hacia los Estados Unidos. Pero en buena medida son invisibles para la opinión pública en general y sus consejos sobre política internacional tienden a ser anulados por los políticos.

En cambio, los verdaderos "intelectuales del poder" en Francia son las estrellas mediáticas que, de un modo u otro, justifican la sumisión francesa a los Estados Unidos. La idea fundamental del viejo "nuevo filósofo" Bernard-Henri Lévy es que el fascismo es "la ideología francesa" y que no se puede confiar en el pueblo ni en el gobierno francés. Así pues, el objetivo político fundamental estriba en dejar impotente a Francia insertándola firmemente en la Alianza Atlántica, la OTAN y la Unión Europea.

Mientras que los intelectuales estadounidenses del poder tienden a ser nacionalistas pro estadounidenses, los intelectuales del poder franceses son esencialmente antifranceses. En viñetas y películas se retrata a la clase trabajadora francesa como unos bárbaros racistas. Desde la película Le Chagrin et la Pitié, [2] de 1969, el péndulo se ha movido alejándose de la celebración de la Resistencia francesa y pasando a la autoflagelación por los crímenes cometidos contra los judíos bajo la ocupación nazi. La existencia misma de Jean-Marie Le Pen y su Frente Nacional durante casi treinta años ha contribuido principalmente a fortalecer una actitud en contra de antinacionalismo. Se estigmatizan las justificadas críticas a la Unión Europea por desmembrar el bienestar social en favor de un capital financiero como nacionalismo francés arcaico e inaceptable. El centro izquierda dominante ha abandonado tanto las cuestiones económicas como el antimilitarismo en favor de una ideología de los derechos humanos más preocupada por el Dalai Lama (por el que Francia nada puede hacer) que por la desindustrialización del país. La izquierda de los derechos humanos ha abandonado en gran medida la política económica, a la UE, y la política militar a la OTAN y su patrón, los Estados Unidos.

De diversas maneras, los intelectuales "humanitarios" del poder ejemplificados por Bernard Kouchner [3] trabajan para promover la división estadounidense de la humanidad en tres "uves": villanos, víctimas y victoriosos salvadores. Este particular triángulo fatídico sirve de lecho de Procusto de todos los acontecimientos mundiales de relieve, empezando, por supuesto, por la Segunda Guerra Mundial, tal como ahora se enseña en la mayoría de los colegios: el drama de un villano (Hitler), las víctimas (los judíos) y el victorioso salvador (las fuerzas armadas de los Estados Unidos). (Se dejan cada vez más de lado el Tratado de Versalles, la depresión económica, el antibolchevismo de Hitler, la batalla de Stalingrado y muchísimos otros detalles nada insignificantes).

Metida a la fuerza en el mismo molde, acaso con una mayor distorsión de la realidad, la crisis yugoslava sirvió para hacer valer el modelo básico. Los intelectuales franceses del poder estaban en primera línea del frente en esta guerra mediática, listos para reforzar la imagen de la gente como mera víctima pasiva de "dictadores genocidas", y cuya única esperanza de salvación se cifraba en ser rescatados por la OTAN.

El grupo de Euston [4] desempeña la misma función con menos brío. Por doquier la cuestión estriba en mantener unida la Alianza Occidental contra el resto del mundo.

Filósofos franceses

Por supuesto, algunos ensayistas franceses contemporáneos critican de cuando en cuando a los Estados Unidos. Le Monde des livres citaba a algunos de ellos –Pierre Bourdieu, Alain Badiou, Slavoj Zizek, Antonio Negri, y otros– como prueba de que los franceses disponen de esos grandes intelectuales, de modo que no necesitan oír lo que Chomsky tenga que decir.

Aunque sean, por supuesto, muy distintos unos de otros, vale la pena mencionar ciertas diferencias entre los filósofos franceses contemporáneos, por un lado, y Chomsky por otro.

En primer lugar está la cuestión de los datos. La crítica de Chomsky se acompaña de datos, materia que parece causar tedio a los pensadores franceses contemporáneos. Sin duda, la importancia del ensayo en el sistema educativo francés ha engendrado un mundo de "filósofos" cuya habilidad a la hora de manipular ideas desprovistas de datos era garantía de una carrera distinguida. Louis Althusser llegó a confesarlo en su autobiografía, reconociendo que no sólo eran pocos los datos que conocía sino también pocas las obras de filosofía, pero había aprendido a sintetizar. Con ello se suscita la cuestión de la utilidad social de dicha filosofía. Si el objetivo social consiste en entretener, entonces la escuela francesa cumple su propósito: la mistificación es con frecuencia bastante más entretenida que las descripciones claras de la realidad.

Por otro lado, si el objetivo estriba en ayudar a los lectores a alcanzar su propia comprensión de la realidad, sobre todo de la realidad política, entonces su primera necesidad es poder disponer de los datos básicos pertinentes, que la mayor parte de la gente no tiene tiempo de establecer mediante una investigación propia. Por tanto, Chomsky resulta útil a los ciudadanos al suministrarles materia prima para que desarrollen sus propias ideas de un modo que no pueden los proveedores de ideas confeccionadas pero de endeble sostén.

Hay otras dos diferencias referentes a la ética y la claridad de pensamiento.

La ética chomskyana se centra en la crítica del abuso de poder en nuestra sociedad, lo cual no entraña un rechazo de esa misma sociedad, pues en algunos aspectos Chomsky es muy pro estadounidense. Pero la actitud básica es que uno tiene el deber y la posibilidad de combatir el abuso de poder en la sociedad propia, mientras que esto es difícil, si no imposible, en algunas sociedades ajenas, sobre en todo en aquellas en las que se produce un gran antagonismo.

En décadas recientes, los intelectuales franceses han tenido, por contraposición, la tendencia a adoptar una ética dualista y escoger bando entre distintos "campos". Tras el desplome de la Unión Soviética y el "campo socialista", este dualismo se ha centrado en Occidente, "cuna de los derechos humanos", frente al resto del mundo atrasado, lo cual ha llevado a una completa incomprensión respecto a Chomsky, cuya crítica de los Estados Unidos poco tiene que ver con escoger un "campo" opuesto.

Por lo que toca a la claridad, el énfasis que se pone en la complejidad estilística del sistema escolar de élite francés ha llevado a la noción de que todo aquello que es claro no es "profundo". Se supone que una cierta oscuridad sugiere profundidad (Pierre Bourdieu hizo un uso deliberado de este prejuicio al utilizar frases largas para pensamientos simples. En cierta ocasión le contó al filósofo estadounidense John Searle que, para que a uno le tomen en serio en Francia, al menos el 20% de lo que escribe tiene que resultar incomprensible).

Debido en parte a estas diferencias, existe un antagonismo natural entre Chomsky y sus contemporáneos franceses. Y esto se entrecruza con las controversias políticas. En primer lugar, en el caso de Camboya, la preocupación de Chomsky, por establecer correctamente los hechos y evitar exageraciones fue groseramente malinterpretada como expresión de simpatía o apoyo a los jemeres rojos. Se produjo un choque entre alguien para quien los hechos son fundamento de la opinión y otros para quienes la opinión es lo que prevalece y los hechos tienen menor significación.

Posteriormente, en el caso Faurisson, más explosivo, el simple hecho de defender el principio de libertad de expresión se interpretó como apoyo a las tesis de Robert Faurisson, pese a la insistencia de Chomsky en que las dos cosas quedaban bien separadas. En este caso, resulta imposible determinar dónde dejamos las honestas diferencias filosóficas y entramos en el aprovechamiento con la finalidad de desacreditar a Chomsky como crítico del imperialismo estadounidense.

La "Ley Gayssot" y la religión de Estado

Nadie podría haber sido plenamente consciente en aquella época, en torno, a 1980, de adónde llevaría el "asunto Faurisson". El alboroto en torno al profesor de literatura que decidió poner en tela de juicio el hecho históricamente aceptado de que se utilizaran cámaras de gas para exterminar a los judíos en los campos de concentración alemanes resultó ser un hecho clave en el proceso que llevó al establecimiento del Holocausto o la "Shoah" (el término religioso hebreo que hoy se usa comúnmente en Francia) como una especie de religión de la memoria y el arrepentimiento, elevada al estatus de dogma oficial.

Lejos de seguir el consejo de Chomsky de dejar que las cuestiones se dirimieran mediante la libre discusión, la Asamblea Nacional francesa de julio de 1990 adoptó una enmienda a una ley de 1881 sobre libertad de prensa conocida como "Ley Gayssot", por el diputado comunista que la presentó. Esta enmienda apela concretamente a castigar a quien públicamente "impugna" (pone en cuestión o discute) "la existencia de uno o varios crímenes contra la humanidad", tal como los definieron las disposiciones del Tribunal de Nuremberg de 1945, y que hayan sido cometidos "por miembros de una organización declarada criminal" de acuerdo con esas disposiciones o "por una persona a la que se halla culpable de dichos crímenes por la jurisdicción francesa o internacional". Los crímenes contra la humanidad de Nuremberg que se enumeran son "el asesinato, el exterminio, la esclavitud, la deportación y todos los demás actos inhumanos cometidos contra poblaciones civiles" así como "las persecuciones por motivaciones políticas, raciales o religiosas".

Por lo general, esta ley se ha venido utilizando para procesar o silenciar a personas que en general no impugnan, discuten o cuestionan la existencia de los crímenes arriba mencionados pero que ponen en cuestión que se usaran cámaras de gas en la comisión de genocidios masivos. Puesto que la "negación" misma de la persecución nazi de los judíos es casi inexistente, la ley se ha aprobado con el fin de aplicarse especialmente a personas de quienes, debido a su orientación política general, se sospecha un oculto antisemitismo. Ese fue el caso de la demanda contra Bruno Gollnisch, destacado miembro del Frente Nacional.

Gollnisch, profesor de estudios asiáticos en la Universidad de Lyon, eludió simplemente una pregunta sobre el Holocausto durante una entrevista, afirmando que se trataba de una cuestión para los expertos. Las acusaciones contra él finalmente se desestimaron tras una apelación a la suprema instancia judicial francesa, pero mientras tanto quedó suspendido de su puesto universitario durante cinco años.

Una ley de este tipo tiene efectos que rebasan su inmediata aplicación. Para empezar, ha contribuido a sacralizar el Holocausto, o la "Shoah", que ha venido considerándose cada vez menos como un acontecimiento histórico que como un dogma sagrado. En un Estado secular en el que las religiones tradicionales están excluidas de la escuela pública, sólo la Shoah exige la adhesión tanto mental como emocional tradicionalmente reservadas a la religión. Su lugar en el plan de estudios crece mientras mengua en general la enseñanza de la historia.

Inicialmente, los crímenes nazis se mostraron como algo contrario a la humanidad, pero conforme la identificación de las víctimas se ha ido centrando cada vez más en los judíos, el resultado ha sido dividir implícitamente a los escolares entre víctimas potenciales, a saber, los judíos, y todos los demás, cuya inocencia está menos garantizada. Esto equivale a invertir la estigmatización tan abominada de los judíos como "asesinos de Cristo". Hoy los no judíos se encuentran en la incómoda posición de ser descendientes de "matajudíos" (o tal vez de quienes no lograron salvar a los niños judíos de la deportación a Auschwitz).

Un efecto inevitable consiste en animar a otras comunidades étnicas a acentuar su estatus de víctimas históricas, sobre todo de víctimas de "genocidio". Africanos, armenios, musulmanes y otros sienten todos que las tragedias de sus antepasados merecen respeto y conmemoración comparables. Esta rivalidad en el victimismo puede conducir a una ampliación de la Ley Gayssot o de una ley anterior contra la incitación al odio racial para procesar a quienes consideren inapropiado el término "genocidio" en relación con los trágicos acontecimientos de Ucrania, Armenia, Bosnia, etc.

Hacer de la historia objeto de reverencia antes que de curiosidad señala una sutil pero grave regresión de los valores seculares de la libre investigación. Contribuye a una atmósfera de autocensura, de "corrección política" que alienta el apocamiento intelectual en lugar de la osadía. El resultado político es que se inculca en los niños la visión del mundo de las tres "uves", en la que los Estados Unidos representan al victorioso salvador y Francia es un testigo poco menos que culpable.

Los tiempos están cambiando

Para buena parte de la generación más joven, el culto de la Shoah, con sus conmemoraciones anuales obligatorias y su constante recordatorio del "deber de memoria" se está volviendo tan aburrido como cualquier otra religión impuesta. Y no consigue reprimir las críticas al tratamiento dispensado por Israel a los palestinos. Puede que el periplo de la culpa esté llegando a su fin.

Tu visita a París durante los últimos cinco días de mayo llegó en un momento en el que hay señales de que están cambiando las tornas ideológicas y una de esas señales fue la asistencia de gente por lo general joven a tu charla en el auditorio de la Mutualité, apadrinada por la publicación mensual Le Monde diplomatique.

Al contrario que Le Monde diplomatique, Le Monde, antaño respetado diario de referencia, se ha convertido en enseña de "la pensée unique" y el servilismo proatlantista hacia los Estados Unidos y la Unión Europea. Primero, el diario publicó una atontada crónica de su reportero, que no pudo entrar en el Collège de France a escuchar la conferencia principal de Chomsky y redactó una queja por haber tenido que quedarse fuera. Pocos días después, Le Monde publicó un malicioso ataque en su sección semanal de libros, ignorando nuevas publicaciones de importancia y desenterrando el asunto Faurisson a fin de deshacerse en elogios de los críticos de Chomsky, sin hacerse siquiera mínimamente eco de los argumentos del mismo Chomsky en favor de la libertad de expresión.

Pero, por otro lado, al final de tu visita te entrevistaron en Ce soir ou jamais, el popular programa nocturno, lo que te dio la oportunidad, después de todos estos años, de responder a las principales preguntas planteadas por el presentador, Frédéric Taddei. El programa es popular y los espectadores que se fueran a la cama temprano pueden encontrarlo fácilmente en Internet.

Esta entrevista en televisión fue favorablemente comentada en Marianne, que en los últimos años se ha convertido en el semanario más leído de Francia. Marianne recalcó el "extraño silencio de los medios" respecto a la visita de Chomsky, y sobre todo la incapacidad de citar sus contundentes críticas al ataque israelí contra la flotilla de la libertad para Gaza, que había tenido lugar esa misma mañana. La revista mencionaba las declaraciones del mismo Chomsky para explicar esta desatención de los medios: a veces de modo consciente, a veces inconscientemente, tendemos a filtrar lo que no queremos ver u oír si nos resulta incómodo.

Chomsky todavía incomoda a alguna gente de los medios franceses. Pero no a todos. Está, por supuesto, el gran despliegue en Le Monde diplomatique, uno de los organizadores de la visita, con un largo artículo del profesor Jacques Bouveressse, anfitrión de Chomsky en el Collège de France. Daniel Mermet, del popular programa vespertino de radio là-bas si j'y suis retransmitió el encuentro de Chomsky con dirigentes sindicales. El diario católico La Croix publico un artículo informativo sobre nuestro visitante.

En febrero de 2003, el entonces Ministro de Asuntos Exteriores, Dominique de Villepin, pronunció un discurso en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas oponiéndose al ataque estadounidense a Iraq. Su intervención le valió un entusiasta aplauso internacional. Parecía que Francia podía recuperar una voz independiente. Pero el temor a las represalias estadounidenses tuvo su papel en el posterior alineamiento de Sarkozy con los Estados Unidos e Israel. Con ello no se consiguen recompensas visibles, aparte de compartir el atolladero afgano y enajenarse a buena parte de la población árabe de Francia. Los años de George Bush, la guerra de Afganistán, el apoyo sin crítica a Israel por parte de los Estados Unidos, la crisis financiera y la creciente desilusión con la Unión Europea están socavando la aceptación popular de la pasiva lealtad de Francia al imperialismo estadounidense.

El péndulo se mueve. Villepin, el enemigo político más feroz de Sarkozy, ha vuelto a escena, apelando a que Francia "aprenda las lecciones de Vietnam, de Argelia, del colonialismo", para retirarse de Afganistán y reconocer que el mundo está cambiando. Occidente ya no puede dictar su voluntad al mundo, en el que surgen nuevas potencias, insiste Villepin. Está fuera del poder, pero sus palabras tienen resonancia. La paradoja es que Chomsky, a quien se considera antifrancés por su desdén hacia los intelectuales franceses, ofrece apoyo a quienes quieren recobrar la independencia nacional francesa con el fin de desempeñar un papel constructivo y pacífico en el mundo multipolar de mañana. Por lo menos, contribuye a la libertad de palabra.

Con mis mejores deseos, Diana Johnstone

NOTAS T.:

[1] Jacques Chaban-Delmas (1915-2000) fue Primer Ministro bajo la presidencia de Georges Pompidou entre 1969 y 1972, y desarrolló el proyecto de Nouvelle societé (aconsejado, entre otros, por Jacques Delors) en la vertiente más social del gaullismo.

[2] Le chagrin et la pitié, documental franco-suizo de Marcel Ophüls (hijo del gran director judío alemán Max Ophüls), examinaba de modo nada complaciente el papel del colaboracionismo y la pasividad francesas durante la ocupación alemana entre 1940 y 1944.

[3] Kouchner fue fundador de Médicos sin Fronteras en 1971 y uno de los promotores del principio de "injerencia humanitaria". En la actualidad es Ministro de Asuntos Exteriores y de Europa con Sarkozy.

[4] El Manifesto de Euston, publicado en el New Statesman londinense en abril de 2006, fue redactado por un grupo de intelectuales británicos sedicentemente progresistas con el ánimo de redefinir los valores de la izquierda, amenazados en su opinión por la posición antiestadounidense, el antisemitismo y las críticas acerbas a Occidente. Sus numerosos críticos lo juzgan más bien un intento de plegarse a los nuevos designios de la política imperial estadounidense, desactivar las críticas a Israel y respaldar las agresione bélicas, empezando por la guerra contra Iraq.

Diana Johnstone es miembro del Consejo Editorial de SinPermiso.

Traducción para www.sinpermiso.info : Lucas Antón

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martes, 14 de octubre de 2008

Socialismo de pérdidas

Ultimamente me pregunto si no sería conveniente cambiar la denominación "sistema capitalista" por "sistema de comunismo negativo", no sé, desvarío...




La cara antidemocrática del capitalismo, al descubierto

Noam Chomsky (de Irish Times)

El desarrollo de una campaña presidencial norteamericana simultánea al desenlace de la crisis de los mercados financieros ofrece una de esas ocasiones en que los sistemas político y económico revelan vigorosamente su naturaleza.

Puede que la pasión por la campaña no sea una cosa universalmente compartida, pero casi todo el mundo puede percatarse de la ansiedad desatada por la ejecución hipotecaria de un millón de hogares, así como de la preocupación por los riesgos que corren los puestos de trabajo, los ahorros y la asistencia sanitaria.

Las propuestas iniciales de Bush para lidiar con la crisis apestaban a tal punto a totalitarismo, que no tardaron en ser modificadas. Bajo intensa presión de los lobbies, fueron reformuladas "para claro beneficio de las mayores instituciones del sistema… una forma de deshacerse de los activos sin necesidad de fracasar o casi", según describió el asunto James Rickards, quien negoció en su día, por parte del fondo de cobertura de derivados financieros Long Term Capital Managemen, su rescate federat en 1998, recordándonos ahora, de paso, que estamos pisando vía ya trillada.

Los orígenes inmediatos del presente desplome están en el colapso de la burbuja inmobiliaria supervisada por el presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan, quien sostuvo la cuitada economía de los años de Bush amalgamando el gasto en consumo fundado en deuda con la toma de préstamos del exterior. Pero las raíces son más profundas. En parte, se hallan en el triunfo de la liberalización financiera de los últimos 30 años, es decir, en las políticas consistentes en liberar a los mercados lo más posible de regulación estatal.

Las medidas tomadas a este respecto, como era predecible, incrementaron la frecuencia y la profundidad de los reveses económicos graves, y ahora estamos ante la amenaza de que se desencadene la peor crisis desde la Gran Depresión.

También resultaba predecible que los reducidos sectores que se hicieron con los enormes beneficios dimanantes de la liberalización llamarían a una intervención masiva del estado, a fin de rescatar a las instituciones financieras colapsadas.

Tal intervencionismo es un rasgo característico del capitalismo de estado, aunque la escala actual es inaudita. Un estudio de los investigadores en economía internacional Winfried Ruigrok y Rob van Tulder encontró hace 15 años que, al menos 20 compañías entre las 100 primeras en el ranquin de la revista Fortune, no habrían sobrevivido si no hubieran sido salvadas por sus respectivos gobiernos, y que muchas, entre las 80 restantes, obtuvieron substanciales ganancias por la vía de pedir a los gobiernos que "socializaran sus pérdidas", como hoy en el rescate financiado por el sufrido contribuyente. Tal intervención pública "ha sido la regla, más que la excepción, en los dos últimos siglos", concluían.

En una sociedad democrática que funcionara, una campaña política tendría que abordar estos asuntos fundamentales, mirar a la raíz de las causas y de los remedios, y proponer los medios a través de los cuales el pueblo que sufre las consecuencias pudiera llegar a ejercer un control efectivo.

El mercado financiero "deprecia el riesgo" y es "sistemáticamente ineficiente", como escribieron hace ya una década los economistas John Eatwell y Lance Taylor, alertando de los peligros gravísimos que entrañaba la liberalización financiera y mostrando los costes en que, por su causa, se había ya incurrido. Además, propusieron soluciones que, huelga decirlo, fueron ignoradas. Un factor de peso es la incapacidad para calcular los costes que recaen sobre quienes no participan en las transacciones. Esas "externalidades" pueden ser enormes. La ignorancia del riesgo sistémico lleva a una aceptación de riesgos mayor de la que se daría en una economía eficiente, y eso incluso adoptando los criterios más estrictos.

La tarea de las instituciones financieras es arriesgarse y, si están bien gestionadas, asegurar que las pérdidas potenciales en que ellas mismas puedan incurrir quedarán cubiertas. El énfasis hay que ponerlo en "ellas mismas". Bajo las normas del capitalismo de estado, no es asunto suyo tomar en cuenta los costes que para otros puedan tener –las "externalidades" de una supervivencia decente— unas prácticas que lleven, como suelen, a crisis financieras.

La liberalización financiera tiene efectos mucho más allá de la economía. Hace bastante tiempo que se comprendió que era un arma poderosa contra la democracia. El movimiento libre de los capitales crea lo que algunos han llamado un "parlamento virtual" de inversores y prestamistas que controlan de cerca los programas gubernamentales y "votan" contra ellos, si los consideran "irracionales", es decir, si son en beneficio del pueblo, y no del poder privado concentrado.

Los inversores y los prestamistas pueden "votar" con la fuga de capitales, con ataques a las divisas y con otros instrumentos que les sirve en bandeja la liberalización financiera. Esa es una de las razones por las que el sistema de Bretton Woods, establecido por los EEUU y la Gran Bretaña tras la II Guerra Mundial, instituyó controles de capitales y reguló el mercado de divisas. (1)

La Gran Depresión y la Guerra pusieron en marcha poderosas corrientes democráticas radicales que iban desde la resistencia antifascista hasta las organizaciones de la clase obrera. Esas presiones hicieron necesario que se toleraran políticas sociales democráticas. El sistema de Bretton Woods fue, en parte, concebido para crear un espacio en el que la acción gubernamental pudiera responder a la voluntad pública ciudadana, es decir, para permitir cierto grado de democracia.

John Maynard Keynes, el negociador británico, consideró como el logro más importante de Bretton Woods el de haber establecido el derecho de los gobiernos a restringir los movimientos de capitales.

Por espectacular contraste, en la fase neoliberal que siguió al desplome del sistema de Bretton Woods en los años 70, el Tesoro estadounidense contempla ahora la libre movilidad de los capitales como un "derecho fundamental", a diferencia, ni que decir tiene, de los pretendidos "derechos" garantizados por la Declaración Universal de Derechos Humanos: derecho a la salud, a la educación, al empleo decente, a la seguridad, y otros derechos que las administraciones de Reagan y Bush han displicentemente considerado como "cartas a Santa Claus", "ridículos" o meros "mitos".

En los primeros años, la gente no se hizo mayores problemas con el asunto. Las razones de ello las ha estudiado Barry Eichengreen en su historia, impecablemente académica, del sistema monetario. Allí se explica que, en el siglo XIX, los gobiernos "todavía no estaban politizados por el sufragio universal masculino, el sindicalismo y los partidos obreros parlamentarios". Por consiguiente, los graves costes impuestos por el parlamento virtual podían ser transferidos a la población general.

Pero con la radicalización de la población y de la opinión pública acontecida durante la Gran Depresión y la guerra antifascista, se privó de ese lujo al poder y a la riqueza privados. De aquí que en el sistema de Bretton Woods "los límites a la democracia como fuente de resistencia a las presiones del mercado fueran substituidos por límites a la movilidad del capital".

El obvio corolario es que, tras la desmantelación del sistema de posguerra, la democracia se ha visto restringida. Se ha hecho, por consiguiente, necesario controlar y marginar de algún modo a la población y a la opinión pública, procesos particularmente evidentes en las sociedades más aproadas al mundo de los negocios, como los EEUU. La gestión de las extravagancias electorales por parte de la industria de relaciones públicas constituye una buena ilustración.

"La política es la sombra que la gran empresa proyecta sobre la sociedad", concluyó en su día el más grande filósofo social norteamericano del siglo XX, John Dewey, y así seguirá siendo, mientras el poder resida "en los negocios para beneficio privado a través de un control sobre la banca, sobre el suelo y sobre la industria, un poder que se ve ahora reforzado por el control sobre la prensa, sobre los periodistas y sobre otros medios de publicidad y propaganda".

Los EEUU tienen, en efecto, un sistema de un sólo partido, el partido de los negocios, con dos facciones, republicanos y demócratas. Hay diferencias entre ellos. En su estudio sobre La democracia desigual: la economía política de la nueva Era de la Codicia, Larry Bartels muestra que durante las pasadas seis décadas "los ingresos reales de las familias de clase media crecieron dos veces más rápido bajo los demócratas que bajo los republicanos, mientras que los ingresos reales de las familias pobres de clase trabajadora crecieron seis veces más rápido bajo los demócratas que bajo los republicanos".

Esas diferencias se pueden ver también en estas elecciones. Los votantes deberían tenerlas en cuenta, pero sin hacerse ilusiones sobre los partidos políticos, y reconociendo el patrón regular que, durante los últimos siglos, ha venido revelando que la legislación progresista y el bienestar social siempre han sido conquistas de las luchas populares, nunca regalos de los de arriba.

Esas luchas siguen ciclos de éxitos y retrocesos. Han de librarse cada día, no sólo cada cuatro años, y siempre con la mira puesta en la creación de una sociedad genuinamente democrática, capaz de respuesta dondequiera, en las urnas no menos que en el puesto de trabajo.

NOTA: (1) El sistema de Bretton Woods de gestión financiera global fue creado por 730 delegados procedentes de 44 naciones aliadas en la II Guerra Mundial que acudieron a una Conferencia Monetaria y Financiera organizada por la ONU en el hotel Mont Washington en Bretton Woods, New Hampshire, en 1944. Bretton Woods, que colapsó en 1971, era el sistema de normas, instituciones y procedimientos que regulaban el sistema monetario internacional y bajo cuyos auspicios se creó el Banco Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo (IBRD, por sus siglas en inglés) –ahora una de las cinco instituciones que componen el Grupo del Banco Mundial— y el Fondo Monetario Internacional, que echaron a andar en 1945.El rasgo principal de Bretton Woods era la obligación de todos los países de adoptar una política monetaria que mantuviera dentro de unos valores fijos la tasa de cambio de su moneda. El sistema colapsó, cuando los EEUU suspendieron la convertibilidad al oro del dólar. Eso creó la insólita situación por la que el dólar llegó a convertirse en la "moneda de reserva" para los otros países que estaban en Bretton Woods.



Traducción para www.sinpermiso.info : Casiopea Altisench


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miércoles, 23 de julio de 2008

Entrevista a Chomsky



Como siempre, muy interesante es poco:

El parecido entre las técnicas de la clase empresarial estadounidense y el fascismo es muy sorprendente

Vicenç Navarro
UPEC/Rebelión


Presentación de Vicenç Navarro a la entrevista a Noam Chomsky

Es un placer para mí hacer la introducción de una entrevista que hicimos a Noam Chomsky el 13 de mayo de 2008.

La UPEC que como bien sabéis es la Universidad Progresista de Verano de Cataluña, tiene como parte de su vocación el crear un intercambio entre personas de izquierdas progresistas de Cataluña, de España, de Europa y del Mundo. A nosotros nos interesaba mucho saber qué pensaba Noam Chomsky sobre lo que está pasando estos días en los EEUU., en Europa y en el Mundo.

Noam Chomsky es una persona de una enorme importancia y cuando se escriba la historia intelectual de los siglos XX y XXI, Noam Chomsky tendrá un capítulo muy importante. Ha sido la voz más crítica dentro de los EEUU. no sólo con respecto a la política exterior de este país, sino también en cuanto a las estructuras de poder de los EEUU.

En estos momentos los EEUU. están en la primera página de todas las noticias y, como siempre, los medios de comunicación controlan, canalizan, manipulan y es difícil saber qué pasa en un país tan complejo como los EEUU. Esta dificultad en saber qué pasa en EE.UU. todavía está más acentuada debido a la enorme diferencia de culturas que existe entre aquel país y las culturas políticas de Europa, de España y de Cataluña.

De ahí que se decidiera por parte del equipo directivo de la UPEC el invitarle a dar la conferencia inaugural, la clase inaugural de las jornadas de este año. Él no pudo venir porque su esposa estaba muy enferma. Se excusó. Él conoce Cataluña, es más, tiene una gran simpatía y lazos emotivos con Cataluña porque como intelectual de los EEUU. siguió muy de cerca la guerra civil española. Nos explicó que, siendo joven, ya se sintió muy identificado con la causa republicana contra el fascismo.

Ahora bien, la entrevista no es sobre el pasado. Es sobre el presente y sobre el futuro. La entrevista se centra sobre los EEUU, ¿qué está pasando en los EEUU.?, ¿qué es el fenómeno Obama?, ¿es una promesa de cambio?, ¿o es una construcción mediática?. También queríamos saber su opinión sobre lo que está pasando en Europa y veréis que habla, a veces, muy críticamente de Europa y también queríamos saber su opinión sobre el Mundo. Él ha estado muy involucrado, es uno de los puntos de referencia del llamado movimiento antiglobalización y tiene mucho que contar sobre el futuro de este movimiento.

He tenido el placer de hacer esta entrevista que dura 45’ . Conozco a Noam Chomsky desde hace muchos años, en realidad somos amigos, muy amigos. Desde este punto de vista aceptó nuestra invitación porque estaba dispuesto a contactar a través mío con este mundo de Cataluña y de España. Noam Chomsky es una persona superinteresante no sólo como intelectual sino también como ser humano; es de estas personas únicas que , pese a su gran renombre, es un hombre sencillo, muy accesible y muy agradable. Pasamos unas horas muy agradables con él haciendo la entrevista y después de una manera informal. Se comprometió a venir a Barcelona, por lo que no renunciamos a tenerlo entre nosotros algún año dando la conferencia inaugural de la UPEC.

Los temas que toca son temas relevantes para nosotros y de una enorme importancia. Puede que a veces sea difícil de entender porque son temas y una narrativa diferente a la europea. Al final haré algunas observaciones en cuanto a mostrar la relevancia de las declaraciones de Noam Chomsky a nuestro país porque lo que ocurre en los EEUU. es, en cierto modo, nuestro futuro si no cambiamos. Y el futuro lo hemos visto y no funciona.

Es desde este punto de vista que hablamos de muchos temas de una forma relajada. Él me conoce a mí, conoce mis trabajos, los cita, incluso en esta entrevista, pero también en los suyos, haciendo referencia, por ejemplo, a la situación sanitaria que es muy preocupante. No hay un sistema en EE.UU. que garantice el acceso a los servicios sanitarios. De hecho, 100.000 personas mueren cada año debido a la falta de servicios de atención sanitaria. Este es un problema muy grave. Él hace referencia a este tema, y también hace referencia a otros en los que estoy escribiendo y trabajando. Hay una amistad, hay un aprecio, hay una admiración mutua que se refleja en esta entrevista.

Así pues, hago esta introducción a la entrevista a Noam Chomsky , que creo que todos coincidimos en que es uno de los intelectuales más importantes de los tiempos en que vivimos.

ENTREVISTA CON NOAM CHOMSKY , ENTREVISTADO POR VICENÇ NAVARRO , EN EL MIT, CAMBRIDGE (MASSACHUSETTS)

13 DE MAYO DE 2008.

Vicenç Navarro : Muchas gracias por recibirnos.

Noam Chomsky : Estoy encantado de tener la oportunidad de hablar con vosotros.

VN: Estamos aquí en nombre de la Universidad Progresista de Verano de Cataluña (UPEC). Como te explicaba antes de la entrevista, la intención de la universidad es recuperar la historia de Cataluña, recordando aquel tiempo, durante los años de la República , cuando trabajadores y académicos se reunían durante el verano para debatir temas de interés común. Esto, evidentemente, fue prohibido durante la dictadura. Cuando , en el 2003, los partidos de izquierdas recuperaron el gobierno de Cataluña, decidieron renovar este compromiso y reiniciar la Universidad Progresista de Verano de Cataluña. Nos habría encantado que hubieras podido hacer la conferencia inaugural de esta nueva etapa y nos sabe muy mal que no pudiera ser así. Esperamos, sin embargo, que puedas visitarnos algún día.

NC: Espero que sí.

VN: Quería hablar contigo precisamente sobre tí mismo y también sobre los Estados Unidos. Fuera de los EE.UU., eres sin duda el intelectual estadounidense más conocido. Pero la mayoría de la gente de fuera de EE.UU. no es lo suficiente consciente de lo que representa que el intelectual más conocido de los EE.UU. en el extranjero aparezca tan poco en los medios de su propio país. Cuando miramos las principales cadenas de televisión, como la CBS , la NBC o la CNN , nunca apareces. En realidad parece como si estuvieras vetado en tales medios. Mucha gente fuera de los EEUU o no lo saben o no lo entienden, porque a menudo se idealiza a los EE.UU., que se presenta como una democracia extremadamente dinámica y activa. Fuera de EE.UU. no se es consciente de la enorme discriminación que existe en EE.UU. en contra de las voces de izquierda como las tuyas, discriminación que ocurre incluso en círculos que se llaman de izquierda dentro del establishment liberal de EE.UU. ¿Cómo explicas esta situación? ¿Cómo explicas esta discriminación en contra de tí en los más importantes foros de debate de EE.UU.?

NC: De entrada debería decir que, de hecho, es en estos círculos de intelectuales liberales de izquierdas dónde probablemente me discriminan, me temen y me desprecian más. Si quieres ver un ejemplo gráfico de esto, mira la fotografía que tengo colgada y enmarcada a la puerta de mi despacho. Es la portada de la revista más o menos oficial de los intelectuales liberales de izquierdas, The American Prospect. Aquella portada quiere representar la lucha ideológica a la cual se enfrentan. Se presentan a ellos mismos como estando entre dos amenazas representadas por dos figuras con cara enfadada. A un lado vemos a Dick Cheney, en el Pentágono; y en el otro estoy yo. Los intelectuales de izquierdas del establishment liberal se ven atrapados entre estas dos fuerzas que consideran gigantescas. Esta portada es indicativa de la paranoia y de la preocupación de que pueda haber cualquier pequeña rotura en la ortodoxia liberal. Los intelectuales de la izquierda del establishment liberal son (y no sólo en los EE.UU.) los típicos guardianes de los límites del sistema: hasta aquí podemos llegar, pero ni un milímetro más allá. De hecho, consideran aterrador pensar que alguien pueda ir un milímetro más allá. Esto se extiende también a los principales medios de comunicación donde el control ideológico es enorme. Aparece así una situación en la que por un lado hay una gran libertad de expresión. Es un país muy libre, es el país más libre del mundo. No creo que la libertad de expresión, por ejemplo, esté tan protegida en ninguna parte del mundo como lo está aquí. Pero, por otra parte, la posibilidad de producir y distribuir ideas está muy controlada. Es una sociedad muy dirigida, una sociedad que se gestiona como un negocio, dirigido con mucho cuidado, con estrictos requisitos doctrinales, de los cuales no se tolera ninguna desviación pues sería demasiado peligroso.

Uno de los motivos por los cuales es demasiado peligroso es que el sistema político, tanto los partidos como la clase política, tiene una posición que en la mayoría de temas importantes está mucho más a la derecha que el resto de la población. Si cogemos la sanidad, por ejemplo, sobre la cual tú has escrito durante muchos años la población está a la izquierda del establishment, y así ha sido siempre. Lo mismo pasa en otros muchos temas. Por lo tanto, permitir que se debatan temas importantes es un riesgo y una amenaza. Permitir cualquier desviación es peligroso y se debe controlar con mucho cuidado.

Por lo tanto, sí, este es un país muy libre, pero muy controlado. Por esto tenemos una ideología muy rígida y muy controlada.

VN: Es sorprendente porque, desde fuera de los EE.UU., a menudo se tiene la impresión de que el país tiene un sistema político muy estable y seguro. Podríamos incluso pensar que con un sistema político y unos medios de comunicación tan potentes, el país se podría permitir voces más criticas en los medios de lo que permiten .

NC: Sí!

VN: Es como si temieran las voces más criticas, como por ejemplo la tuya.

NC: Sí, creo que tienen miedo. Existe un miedo terrible a que cualquier pequeña desviación pueda conducir al desastre. Es una mentalidad típicamente totalitaria. En esta mentalidad debes controlarlo todo. Si algo queda fuera de tal control, puede resultar desastroso para ellos. De hecho, la estabilidad de la sociedad de los EE.UU. no es tan obvia. Requiere mucha represión. Lo que ocurrió con los papeles del Pentágono durante la Guerra del Vietnam es muy representativo de lo que estoy diciendo. Estos papeles no eran documentos desclasificados y públicos. Tener acceso a ellos era como robar los archivos: era como conquistar un país y hacerse con el botín de sus archivos. La información no estaba pensada para el público. Pues bien, había cosas interesantes en los papeles del Pentágono que habían sido ocultadas. Lo más interesante de tales papeles es la parte final. El periodo que cubren estos papeles acaba a mediados de 1968, justo después de la ofensiva del Tet del mes de enero de 1968, que convenció a la clase política de que la guerra resultaba demasiada costosa y de que no valía la pena continuarla. Aún así, en los meses inmediatamente posteriores, hubo un intento del gobierno de enviar unos 200.000 hombres más al Vietnam, para aumentar así el número de tropas a casi tres cuartos de millón. Hubo un debate dentro del gobierno sobre esto, tal y como demuestran los papeles del Pentágono, y decidieron no llevarlo a cabo. El motivo es que temían que, si lo hacían, quizás necesitarían las tropas para controlar el desorden civil que podría provocar en los EE.UU.. Habría una rebelión de proporciones sin precedentes entre la gente joven, las mujeres, los trabajadores, las minorías, los pobres, etc. A duras penas controlaban las cosas dentro del propio país, y cualquier movimiento en falso podría haber llevado a una rebelión. Y esto continúa. No pueden dejar que la población se descontrole. Ésta tiene que estar estrechamente disciplinada.

En realidad, uno de los motivos de la presión consumista tan extraordinaria que existe en EE.UU., presión que se remonta a los años 1920, es precisamente el reconocimiento por parte del mundo empresarial de que, si no se atomiza a la gente, si no se la conduce hacia aquello que denominamos “las cosas superficiales de la vida, como por ejemplo el consumo de moda”, la población puede girarse en contra suya. Ahora mismo, por ejemplo, un 80% de la población de los EE.UU. cree que el país (transcribiendo literalmente las palabras exactas) “está dirigido y se mueve, acorde con unos pocos grandes intereses que sólo se preocupan por ellos mismos”, sin tener en cuenta el bienestar de la población. Un 95% de la población piensa que el gobierno debería prestar más atención a la opinión pública y no lo hace. El grado de alienación de la población hacia las instituciones democráticas es enorme. De ahí la importancia de que la gente esté atomizada, absorbida en el mundo del consumo, preocupada en cómo pagar las deudas reflejadas en sus tarjetas de crédito, separadas unas de las otras, sin escuchar debates críticos. Siempre que sea así, la clase empresarial cree que puede controlar a la población.

VN: Otra realidad que vemos es que fuera de los EE.UU. se idealiza el sistema norteamericano por parte de los medios de información y persuasión europeos. Por ejemplo, las primarias presidenciales se están mostrando como un signo de vitalidad de la democracia. Y el fenómeno Obama se presenta como responsable de la movilización de masas. Esta visión de la realidad de EE.UU. es muy sesgada. ¿Cómo explicarías esta idealización de la escena política americana, tan frecuente en Europa?

NC: La gente tiene estas ilusiones, y debemos preguntarnos cuál es el origen de ellas. No es difícil entender qué ha pasado, y el establishment lo entiende perfectamente.

Véamos, por ejemplo, qué ocurrió durante las primarias, en el día del “supermartes”, el 5 de febrero, en el cual se celebraron un par de docenas de primarias. La emoción, por lo tanto, era muy grande. En el Wall Street Journal: la historia principal en su portada aquel “supermartes”, escrita con grandes titulares, decía así: “Los temas políticos retroceden a lo largo del 2008 , puesto que los votantes se centran en el carácter de los candidatos”. Poco después, apareció una encuesta, de la cual no informaron apenas, que revelaba que tres cuartas partes de la población querían que los medios cubrieran las opiniones de los candidatos sobre los temas más importantes que el país enfrentaba. Exactamente el contrario de la doctrina estándar que se manifestaba en el titular de aquel diario. Los medios enfatizaban características personales de los candidatos, mientras que la población deseaba saber la opinión de los candidatos sobre los temas que preocupaban a la población.

Esto no es nuevo. Ha pasado lo mismo en elecciones anteriores. Los dirigentes de los partidos evitan tocar los temas que preocupan a la población, manteniéndolos fuera de la vista de los lectores. No es verdad que los votantes prefieran la personalidad de los candidatos por encima de los otras temas. Los votantes estarían encantados de poder votar a favor de un sistema sanitario público, que han deseado durante décadas. Ahora bien, no se les da la opción. Los dirigentes del partido –o, básicamente, el ámbito de las relaciones públicas que venden bienes de consumo a través de la televisión– anuncian a los candidatos del mismo modo que anuncian bienes de consumo. Cuando ves un anuncio en la televisión, no esperas aprender nada de ello. En realidad, si tuviéramos un mercado libre del tipo que describen los economistas, en el cual los consumidores informados toman decisiones racionales, la General Motors haría anuncios explicando las características de los coches que venden. No lo hacen. Lo que hacen es intentar crear ilusiones, por la vía de gráficas complicadas, de una actriz famosa conduciendo hacia al cielo, o de cualquier cosa por el estilo. La clave es engañar y manipular a la audiencia. Cuando tú “vendes” los candidatos, ocurre lo mismo –no entramos en los temas importantes, es demasiado peligroso porque el público puede no estar de acuerdo contigo en estos temas. Por lo tanto, lo que vendes es carácter, trivialidades, temas personales – el pastor de alguien dijo no sé qué, Hillary Clinton cometió un error cuando hablaba de Bosnia, etc.

La Fundación Pew publicó un estudio sobre la cobertura que hace la prensa de las primarias. La historia principal ha sido la de los sermones del reverendo Jeremy Wright. La segunda, el politiqueo de los “súper delegados”, y la tercera, la discusión sobre si Obama había estado más o menos acertado con su comentario sobre la “frustración” con respecto a la economía del electorado de las poblaciones rurales, y así una larga lista. Todas las historias principales de esta lista son sobre temas irrelevantes, marginales. No hay ninguno que destaque la opinión de los candidatos sobre ninguno de los temas importantes –sobre aquello que el público en general quiere escuchar. Se habla de cualquier cosa excepto de los temas importantes. Por lo tanto, la población simplemente no sabe cuáles son las posiciones de los candidatos sobre los temas importantes. Esto es muy evidente.

La opinión popular en los EE.UU. ha estado desde siempre muy bien estudiada, principalmente porque las clases empresariales, que dirigen el país, quieren sentir el pulso de su público –para controlar la propaganda. Puedes aspirar a controlar las actitudes y opiniones de la gente si conoces bien su vida. Es por eso por lo que sabemos tanto en EE.UU. sobre la opinión pública. Así sabemos que en las últimas elecciones, el 2004, la mayoría de los votantes de Bush tenían visiones equivocadas sobre la opinión de Bush con respecto a los temas principales –no porque fueran idiotas o no estuvieran interesados, sino porque las elecciones siguen un sistema de marketing. Esta es una sociedad dirigida por las necesidades empresariales: del mismo modo que vendes bienes de consumo, vendes candidatos. El público es la víctima y es consciente de ello, y, por esto, más o menos un 80% cree que el país se mueve en función de unos pocos grandes intereses que miran sólo por ellos mismos. Así pues, la gente no está engañada, simplemente no ven que se les ofrezca ninguna opción.

El fenómeno Obama es una reacción interesante en todo esto. Los asesores de Obama, los dirigentes de su campaña, han creado una imagen que es básicamente como una página en blanco. En la campaña de Obama suenan palabras como esperanza, cambio, unidad –eslóganes totalmente vacíos pronunciados por una persona agradable, con buen aspecto y que habla bien–, los opinadores lo definen como “retórica en alza”, (“soaring rhetoric”), y cada cual puede escribir lo que le parezca, en esta página en blanco. Mucha gente está escribiendo sus deseos de un cambio de progreso. En la campaña, como apunta acertadamente el Wall Street Journal, no se ha prestado demasiada atención a los temas importantes. Las características personales son elementos clave. Es el carácter que se trata en portada como tema capital.

Pero, sí, el apoyo que ha recibido Obama es un fenómeno popular, y pienso que refleja la alienación de la población hacia las instituciones representativas. La gente se agarra a un hierro al rojo vivo: aquí hay una pequeña posibilidad de que quizás alguien pueda defender aquello que quiere. Aun cuando él no lo diga, parece el tipo de persona que quizás lo haría. Es muy interesante fijarnos en las comparaciones que se hacen. A Obama lo comparan con John F. Kennedy y Ronald Reagan –Kennedy y Reagan eran creaciones, productos de los medios de comunicación, en especial Reagan. Probablemente ni él conocía cuáles eran las políticas de su programa , pues él era estrictamente una creación de los medios. Inicialmente no era especialmente popular, pero los medios crearon la imagen de un cowboy maravilloso que salvaría a todos, y así sucesivamente.

La administración Kennedy tenía más control; fue el primer grupo dirigente que entendió el poder de la televisión y creó un tipo de carisma mediante un buen funcionamiento de las relaciones públicas: la imagen de Camelot, de aquel lugar maravilloso, dónde pasan cosas maravillosas, y de un gran presidente. Ahora bien, cuando te fijas en las acciones reales que se llevaron a cabo, es grotesco. En realidad Kennedy es el presidente que invadió el sur del Vietnam y el que lanzó un gran ataque terrorista en contra de Cuba, y del cual podríamos decir otras muchas cosas en esta línea. Su Administración fue responsable del establecimiento de una dictadura neonazi en Brasil. El golpe de estado tuvo lugar justo después del asesinato de Kennedy, pero las bases para este golpe habían sido establecidas por los Kennedy y condujeron a una terrible plaga de represión en cualquier parte de América Latina. Pero la imagen de Camelot está ahí, y las imágenes son muy importantes cuando intentas controlar una población disidente.

De hecho, los EE.UU. no es un país fascista, esta sería una mala analogía. Pero el parecido entre las técnicas de propaganda que utiliza la clase empresarial y las fascistas es muy sorprendente, y no es accidental. Los nazis adoptaron, de manera explícita, consciente y abiertamente, las técnicas publicitarias americanas, y así lo manifestaron. Cogieron unas cuantas ideas sencillas, las reforzaron una vez y otra, e hicieron que parecieran atractivas –esta era la técnica publicitaria americana de los años 20 y fue el modelo que los nazis adoptaron de manera explícita, y este es el modelo de propaganda empresarial que existe hoy en día.

Por lo tanto, sí: el fenómeno Obama, pienso, refleja la alienación de la población que encontramos en las encuestas: el 80% dice que el país se mueve por unos pocos grandes intereses. Aun cuando Obama dice que lo cambiaremos, no tenemos nada claro qué es el que cambiaremos exactamente. De hecho, las instituciones financieras, que son sus mayores contribuidores, piensan que él ya está bien; por lo tanto, no parece nada claro que pueda haber ningún cambio. Pero si hablas de “cambio“, la gente se coge a ello; si dices “cambio” y “esperanza”, la gente se cogerá a ello y dirá, de acuerdo, este puede ser el salvador que conseguirá aquello que queremos, aun cuando no haya ninguna evidencia para creer que esto pueda pasar.

VN: Está claro.

NC: Por lo tanto creo que el fenómeno Obama y la alienación de la gente van cogidas de la mano.

VN: Cuál sería la diferencia entre una administración de McCain y otra de Obama?

NC: McCain es otro ejemplo de creación de una imagen-propaganda muy efectiva. Imagínate un piloto ruso que hubiera bombardeado objetivos militares en Afganistán, capturado y torturado por los terroristas fanáticos islámicos dirigidos por los EE.UU.. ¿Diríamos que fue un héroe? ¿Diríamos que era un experto en temas de estrategia y seguridad, porque estaba bombardeando objetivos civiles? No, no lo diríamos. Pero esta es la imagen que se ha creado de McCain. Su heroísmo y su conocimiento y estrategia se basan en el hecho que él bombardeó a mucha gente desde 10.000 metros de altura y que le dispararon. No está bien que lo torturaran, no tendría que haber pasado, fue una acción criminal, etc. Pero esto no lo convierte en un héroe de guerra o en un especialista en política exterior. Esta última imagen es fruto de una creación de los expertos en relaciones públicas.

La industria de las relaciones públicas es una industria enorme, muy sofisticada en EE.UU. Probablemente una sexta parte del PIB se destina al marketing, a la publicidad, etc., y representa un elemento clave de la sociedad.

VN: ¿Cuál sería la diferencia entre las administraciones McCain y Obama con respecto a la política exterior?

NC: McCain puede ser peor que Bush. No habla demasiado de ello, porque se supone que no se debe hablar demasiado de estos temas , pero las pocas cosas que ha dicho dan bastante miedo. Podría abrir una situación impredecible (be a real loose cannon)

VN: ¿Cómo explicarías la simpatía que Obama despierta en Europa?

NC: Supongo que los europeos también escriben aquello que quieren en la página en blanco de la cual hablaba. Y no es ningún secreto que a los europeos no sólo no les gusta Bush, sino que lo temen. El mismo establishment americano tenía miedo de Bush. Bush llegó entre un mar de críticas sin precedentes incluso de parte de las voces oficiales de la administración Reagan y de la opinión pública en general. Por ejemplo, cuando se anunció su estrategia de seguridad nacional el septiembre del 2002, hablando de guerra preventiva, y anunciando virtualmente una guerra a Iraq, inmediatamente, al cabo de pocas semanas, hubo un artículo en el Foreign Affairs (la revista principal del establishment) condenando lo que el artículo definió como la Gran Estrategia del Nuevo Imperio. Se opusieron a Bush no por principios, sino porque sería perjudicial para los EE.UU.. Hubo muchas críticas a la Administración de Bush por su extremismo, incluso por el nacionalismo extremista y radical que mostró. McCain seguramente se mueve en el mismo terreno. Obama, en cambio, probablemente volvería a situar el país más al centro, exactamente dónde se situaba la Administración Clinton.

McCain seguiría la misma doctrina de Bush, la doctrina de guerra preventiva, con el desprecio descarado por nuestros aliados. Hay que darse cuenta, sin embargo, de que esta doctrina no era nueva. La doctrina de Clinton, si se interpreta literalmente lo que decía, era todavía peor. La doctrina de Clinton consistía oficialmente en el hecho de que los EE.UU. tenía el derecho a utilizar la fuerza para proteger el acceso a los mercados y a los recursos. En realidad, esta doctrina es incluso más extremista que la doctrina de Bush. Pero la administración Clinton lo presentó educadamente, discretamente, y no de forma que nuestros aliados se alejaran de nosotros. Los europeos no podían simular que no lo veían –claro está que lo sabían y, de hecho, los líderes europeos probablemente lo aprobaban. Pero la arrogancia, la poca vergüenza, el extremismo y el ultranacionalismo de la administración Bush ofendió realmente las corrientes más de centro en los EE.UU. y en Europa. Es decir, siempre hay una manera más o me educada de llevar a cabo las mismas políticas.

VN: ¿Crees que hay posibilidades para el surgimiento de las izquierdas en EE.UU. en un futuro próximo?

NC: Creo que este país ofrece una enorme oportunidad para los organizadores de izquierdas. Esto se observa cuando analizamos la opinión pública. Tus propios estudios de búsqueda sobre la opinión de la población estadounidense sobre sanidad muestran como la población de EE.UU. desea un programa nacional de salud financiado públicamente. Si tuviéramos una democracia que funcionara, los EE.UU. haría décadas que disfrutarían de un sistema de sanidad pública nacional. Lo mismo podría aplicarse a la política exterior. Cojamos Irán, por ejemplo, el próximo gran tema del cual hablaremos. Cada candidato a la presidencia, incluso Obama, dice que debemos mantener la amenaza de la fuerza contra Irán, manteniendo así las opciones abiertas. Resulta, sin embargo, que con esta presión se está violando la Carta de las Naciones Unidas; ahora bien, la opinión de la élite da a entender que los EE.UU. debería ser un país fuera de la ley y nadie hace ningún comentario. Pero esto no es lo que quiere la población. La gran mayoría del público dice que no habríamos de ir siempre con amenazas sino que tendríamos que utilizar la diplomacia. La gran mayoría del público en los EE.UU., casi un 75%, sostiene que Irán tiene los mismos derechos que cualquier otro firmante del tratado de no-proliferación: el derecho a enriquecer uranio para energía nuclear, pero no para armas nucleares. Y, sorprendentemente, una elevada mayoría del público cree que deberíamos apoyar el establecimiento de una zona libre de armas nucleares en aquella región, incluyendo Irán, Israel y las fuerzas americanas desplegadas en la zona. Resulta que esta es también la política oficial de Irán, y, de hecho, la de EE.UU. e Inglaterra, aunque este hecho no se pueda mencionar. Pero la realidad es que cuando los EE.UU. y el Reino Unido intentaron construir una primera justificación legal para la invasión a Iraq, apelaron a la Resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas 687 de 1991, que pedía a Iraq que eliminara sus armas de destrucción masiva, afirmando que Irak no había cumplido con tal Resolución. De aquello se habló mucho, pero no del hecho que la misma Resolución comprometía a los firmantes de tal documento a movilizarse para establecer una zona libre de armas nucleares en el Oriente Medio (artículo 14). No hay ningún candidato, sin embargo, que pueda siquiera mencionar esta posibilidad. Si EE.UU. tuviera una democracia que funcionara, en la cual la opinión pública influyera en la política, la más que peligrosa confrontación con Irán se resolvería seguramente de manera pacífica.

Fijémonos también en Cuba. Durante 45 años el gobierno de los EE.UU. se ha dedicado a castigar a los cubanos. Tenemos documentos internos de los Kennedy, entre otras cosas, que lo demuestran. Debemos castigar al pueblo cubano por su “exitoso desafío” a las políticas de los EE.UU., remontándonos a la Doctrina Monroe de 1823. La Doctrina Monroe estableció el derecho de los EE.UU. a dirigir el hemisferio. Los cubanos desafíaron esta doctrina con bastante éxito. Por lo tanto hacía falta castigar a la población cubana con una guerra importante, una guerra terrorista. Este objetivo ni siquiera se disimuló. Arthur Schlesinger, el biógrafo semioficial de Robert Kennedy y un asesor del Presidente Kennedy, dijo que a Robert Kennedy se le encargó llevar “los terrores de la tierra” a Cuba. Esta fue su responsabilidad primordial. Los dirigentes de EE.UU. estaban obsesionados –además de intentar estrangular económicamente a la población cubana, a castigarla por su travesura. Pero veamos qué piensa el público de los EE.UU. En varias encuestas hechas desde los años 1970, aproximadamente dos terceras partes del público dice que habríamos de iniciar relaciones diplomáticas normales con Cuba, exactamente como lo hace el resto del mundo. Pero el fanatismo del establishment es enorme. Existe un amplio espectro del que formaron parte los Kennedy, que son los que lo empezaron, y todo el resto. Hoy no hay ningún candidato que pueda llegar a hablar de establecer relaciones diplomáticas con Cuba.

Lo mismo pasa con muchos otros grandes temas. La distancia entre las posiciones propuestas por el establisment y lo que la población desea es enorme. Por lo tanto, como he dicho antes, los EE.UU. debería ser el paraíso para un organizador de izquierdas. Pienso que las posibilidades que tiene la izquierda aquí son extraordinarias, y esta es precisamente la razón de que el establishment tiene tanto miedo a perder el control de la opinión. De hecho, el país tiene una población bastante activista. Seguramente hay más gente ahora implicada en el activismo por algún u otro tema importante que durante los años 1960. Todavía está en sus comienzos y está atomizada. Ahora bien, existen muchos movimientos populares que no habían existido nunca hasta ahora. Por ejemplo, centrémonos en los movimientos solidarios con el Tercer Mundo: esto es algo que nunca se habia dado en el caso, por ejemplo del imperialismo europeo, y tiene el origen en los movimientos de protesta de gente normal y corriente de los EE.UU.. Desde las iglesias rurales, evangélicas, gente convencional, miles de personas, decidieron ir a América Central para vivir con las víctimas de las guerras terroristas de Reagan, para ayudarlos, para intentar protegerlos, etc.; eran millares o decenas de millares de personas. Una de mis hijas todavía está ahí, en Nicaragua. Esto no había pasado nunca hasta ahora en la historia del imperialismo. Nadie en Francia fue nunca a vivir a un pequeño pueblo de Argelia para ayudar la gente, para protegerlos de las atrocidades de los franceses. Era una opción que no se había planteado siquiera; durante las guerras en Indochina, excepto algunos, pocos, que quedaron muy desperdigados por el territorio. Pero durante los años 1980, esto se desarrolló de manera espontánea –no en los centros de la élite, por lo tanto, no lo veríais en Boston, sino en los estados rurales de Kansas y Arizona, y ahora se ha desperdigado en cualquier parte del mundo. En consecuencia, tienes guardianes de la paz cristianos, y Dios sabe quien más. Otro desarrollo nuevo muy importante es el movimiento de justicia global, que se ha denominado, ridículamente, “antiglobalización”. La propaganda dice que el denominado movimiento antiglobalización empezó en Seattle. No fue así. Empezó en el Tercer Mundo. Cuando cientos de miles de campesinos en la India asaltaron el parlamento, no se consideró un hecho relevante –sólo si la gente hace algo en una ciudad del norte, es un hecho relevante. Así pues, los movimientos populares de masas en Brasil o India, por ejemplo, no existieron hasta que se involucró una ciudad del Norte. Pero las ciudades del Norte se implicaron, y el movimiento se ha desperdigado ahora por todas partes tanto por las ciudades del Norte como por las del Sur.

VN: El denominado movimiento “antiglobalización” ha sido ciertamente un movimiento espléndido. Pero a veces da la sensación de que quizás está paralizado e inmóvil. ¿Qué te parece la idea de establecer una Quinta Internacional, o alguna otra forma de organización que pueda representar una alternativa al actual sistema mundial?

NC: He hablado de ello en reuniones del Foro Social Mundial, que siempre se celebra en algún lugar del sur, y he comentado que este movimiento podría traer las semillas de una nueva Internacional y, según mi parecer, la primera internacional real. Aquello que se denominó la Primera Internacional fue importante, pero fue muy localizada. Fue en una parte de Europa, y fue esencialmente destruida por Marx cuando este no pudo controlarla. La Segunda Internacional desapareció justo antes de la Segunda Guerra Mundial. La Tercera Internacional se tomó como una institución propagandística por parte de la Unión Soviética y la Cuarta Internacional fue marginalmente trotskista.

Pero esta es la primera auténtica Internacional, o al menos, así lo parece. No me refiero sólo al Foro Social Mundial, sino también a otros fenómenos como por ejemplo la Vía Campesina. La última vez que estuve en Porto Alegre, en Brasil, para asistir al Foro Social Mundial, el primer lugar que visité fue la reunión internacional de la Vía Campesina , la organización internacional de campesinos. Fue algo muy animado, muy emocionante. Representa la mayor parte de la población mundial, y fue muy emocionante estar allí. El Foro Social Mundial también lo fue. Esta es la auténtica globalización. Son gente de cualquier parte del mundo, de todas las esferas de la vida, interactuando, debatiendo, y volviendo a casa para intentar implementar ideas de cambio social.

No sé si la nueva Internacional funcionará. Podría ser. Pero, si no funciona, se conseguirá al menos aumentar el nivel de acción para el próximo intento de conseguirlo. Por lo tanto, pienso que tiene sentido esto que dices. Puede que veamos las semillas de la primera auténtica internacional, constituida por las clases populares de todas partes, intentando superar la extraordinaria alienación que siente la gente de cualquier parte del mundo, en los EE.UU. y en el resto del mundo –la sensación de que las instituciones no trabajan para nosotros, sino que lo hacen para otros. Estos grupos pueden movilizar y organizar, utilizando las libertades que tenemos y hemos conseguido. Abren unas expectativas muy importantes.

VN: Una cosa que es bastante preocupante es la americanización de la política europea, que creo que está pasando en todas partes. Incluso la izquierda europea parece haber perdido su lenguaje. Por ejemplo, los líderes de izquierdas no hablan de la clase trabajadora, sino que lo hacen de las clases medianas. La lucha de clases ha desaparecido del todo en el discurso de las izquierdas. Es un desarrollo bastante preocupante: el lenguaje político americano se está haciendo presente en Europa ahora, coincidiendo con la enorme debilidad de la izquierda en aquel continente.



Esta americanización de la vida política europea parece paradójica, porque esto tiene lugar en el mismo momento en que la influencia de los EE.UU. se está reduciendo en el mundo. Europa es cada vez más parecida a los EE.UU.. Los partidos políticos, por ejemplo, han perdido su fuerza y valor. Más que partidos políticos, lo que vemos son las redes de comunicación de los líderes políticos. Y la política se convierte en un show, un show teatral. Cómo hemos comentado antes en nuestra conversación, se presentan eslóganes sin ningún significado. ¿Cómo explicarías, pues, que en un momento en el cual la influencia de los EE.UU. se está reduciendo, los valores políticos y culturales del establishment de los EE.UU. sean cada vez más dominantes en Europa?

NC: Este es un tema muy amplio, pero cojamos sólo unos cuántos elementos. Si miramos algo atrás en la historia, vemos que Europa fue la región más salvaje y brutal del mundo durante siglos. Establecer el sistema nación-estado en Europa fue un programa de asesinatos y destrucción en masa. En el siglo XVII, probablemente un 40% de la población de Alemania fue eliminada por culpa de la guerra. Durante este proceso de salvajismo y brutalidad, Europa creó una cultura de salvajismo y una tecnología de salvajismo que le permitió conquistar el mundo. Y el resto de Europa no se valió de políticas más suaves. Incluso un país tan pequeño como Bélgica fue capaz de matar probablemente unos 10 millones de personas en el Congo.

Todo esto, evidentemente estaba asociado con la arrogancia racista más extrema, y finalmente culminó en dos guerras mundiales. Desde la Segunda Guerra Mundial , Europa ha estado en paz, no porque los europeos se hayan vuelto pacifistas, sino porque se dieron cuenta que la próxima vez que se pusieran a jugar al juego de matarse los unos a los otros, seguramente acabarían eliminando toda la población mundial. Han creado una cultura de salvajismo y una tecnología de destrucción tan grande que este juego se ha tenido que acabar.

La Segunda Guerra Mundial representó también un cambio muy acusado en el poder mundial. Los EE.UU. habían sido la economía más poderosa en el mundo durante mucho tiempo, mucho más poderosa que la de Europa , pero no tenía un papel tan relevante en los asuntos globales. Dominaba el hemisferio occidental y hacía incursiones hacia el Pacífico, pero en la esfera política permanecía en un segundo plano respecto de Inglaterra e incluso de Francia.

La Segunda Guerra Mundial , sin embargo, lo cambió todo. Los EE.UU. se beneficiaron enormemente de la guerra, y el resto del mundo quedó gravemente afectado y destruido. La guerra acabó con la Depresión , la producción industrial prácticamente se cuadruplicó. Los EE.UU. acabaron la guerra poseyendo literalmente la mitad de la riqueza mundial y con una incomparable fuerza a nivel militar y de seguridad. Los planificadores del gobierno federal ya sabían que esto pasaría. Planificaron una situación de dominación global en la cual no se toleraría que los otros países ejercieran su soberanía. En Europa, al final de la guerra, hubo una oleada de democracia radical, de antifascismo, de resistencia, de movilización obrera –bastante significativo en algunos casos– y la primera tarea de los EE.UU. y de la Gran Bretaña , los conquistadores, fue ahogar este intento. Así que, en un país tras otro, incluyendo el Japón, la primera tarea de los denominados liberadores fue ahogar la resistencia al fascismo y reinstaurar el orden tradicional. Quizás no con el mismo nombre, pero sí con los mismos líderes. Fue una batalla que no pasó de un día a otro. Por ejemplo, Italia era probablemente el objetivo principal de la subversión de la CIA , como mínimo hasta los años 1970, para intentar limitar la democracia italiana, debilitando el movimiento obrero cuyo crecimiento no podía ser tolerado. En caso contrario, el orden económico que ellos dominaban podría hundirse gradualmente. De ahí que las élites europeas tuvieron que aceptar una posición en la cual los EE.UU. pasaba a ocupar su rol tradicional de dirigente mundial que hacía uso del salvajismo y de la barbarie. Las élites europeas aceptaron este cambio, compartiendo parte de las ganancias que EE.UU. conseguía, consecuencia de su dominio global.

No es que los demócratas radicales perdieran en Europa completamente –de hecho, ganaron un nivel importante de democracia social. En realidad, los europeos viven mejor que los estadounidenses en muchos ámbitos: están más sanos, son más altos, tienen más tiempo de ocio. Los EE.UU., especialmente a partir de los años 1970, tienen aproximadamente el número más alto de horas de trabajo en todo el mundo industrial, con los sueldos más bajos, los peores beneficios sociales, y los peores resultados en el ámbito de la salud. Fijémonos sólo en la altura de las personas: cuando un americano viaja a Europa, la primera cosa que le sorprende es lo alto que es todo el mundo, y esto es literalmente verdad. Por lo tanto, Europa ha obtenido muchas ganancias de su posición subordinada –dejad que los EE.UU. vayan al frente en la carrera de la destrucción, de la masacre, etc.– y esto ha hecho que se adquiriera un cierto grado de complacencia. Podríamos decir que los europeos casi respiran aliviados: tras siglos de salvajismo y barbarie, nos relajaremos e iremos detrás de otro, dejaremos que otro lo haga por nosotros y nos dedicaremos simplemente a disfrutar de los beneficios.

Las clases políticas, las clases empresariales, etc., no ponen ninguna objeción a esta actitud. Aquello que tú denominas “americanización” es realmente la extensión del control de las clases empresariales europeas. Las clases empresariales europeas están muy satisfechas. Están estrechamente integradas con las clases empresariales de los EE.UU.. Quizás existe algún conflicto, pero están realmente integradas de manera bien estrecha con los EE.UU..

Si nos fijamos en el supuesto conflicto entre las clases empresariales de los dos continentes, vemos algo que es muy interesante. Supuestamente tenemos un mercado libre, o así debería ser, considerando la ideología dominante. De hecho, sin embargo, tenemos un sistema económico basado en el estado. El dinamismo de la economía de alta tecnología proviene en gran medida del sector público, de lugares como este en el que nos encontramos ahora mismo [Massachusetts Institute of Technology], que hacen la investigación básica que entonces se ofrece a capitales privados para explotarla. A menudo se expresa en formas casi cómicas. Un ejemplo es la industria aeronáutica, una de las principales industrias exportadoras. La industria de la aviación civil está dominada actualmente por dos empresas, Airbus y Boeing, las cuales están enfrentadas constantemente en la Organización Mundial del Comercio para ver cuál consigue más subsidios del estado. De hecho, las dos empresas son filiales de los poderes públicos. En los EE.UU., las compañías aéreas comerciales son en gran medida filiales de Air Force y Aerospace del gobierno federal, y no existirían sin estas entidades.

En Europa, la industria de la aviación civil recibe impresionantes subvenciones del estado. Recientemente, se manifestó una gran protesta en los EE.UU. por el hecho de que Airbus hubiera ganado un contrato para abastecer de combustible los aviones de la Air Force americana. Ahora bien, cuando miramos el contrato podemos ver que, en realidad, el contrato es con una empresa americana trabajando conjuntamente con Airbus. En realidad, estas empresas están altamente integradas. Y esto es lo que denominamos un mercado libre: industrias con base pública integradas la una con la otra. Pero , para las clases empresariales europeas y americanas, esta es una situación aceptable, y dado que ellos dominan en gran medida sus sociedades, no hay ningún problema.

En cuanto al otro componente de la pregunta que me haces: Sí, bajo la superficie continúa existiendo una lucha de clases, que aflora constantemente y existe el riesgo para el establishment que pueda explotar. De ahí que nadie hable de clases. El establishment constantemente niega su existencia. Una de mis hijas es profesora en un colegio del Estado que tiene estudiantes de familias relativamente pobres, las aspiraciones de los cuales son llegar a ser, mayoritariamente, enfermeras o policías, o algún trabajo parecido. El primer día de clase, ella siempre les pide que se presenten, que identifiquen su clase social, que escojan una palabra que los clasifique. La mayoría no han oído hablar nunca de ello, pues en EE.UU se supone que no se ha de utilizar esta palabra. Las respuestas que obtiene son “clase baja” o “clase media”. Si tu padre trabaja de portero en algún lugar, perteneces a la clase media. Si tu padre está en la cárcel o está en paro, perteneces a la clase “baja”. Estas son las dos clases posibles. Esta es una trampa ideológica. La idea que la clase depende de quien da las órdenes y de quien las recibe se escapa de la conciencia. Ahora bien, bajo esta percepción existe una conciencia de clase. En cuanto hablas con gente de clase trabajadora, te responden inmediatamente porque así lo sienten.

VN: Te había prometido que no te robaría demasiado tiempo. Déjame hacerte una última pregunta, una personal. Mucha gente en cualquier parte del mundo te está enormemente agradecida por el trabajo que haces, pero, permíteme esta pregunta ¿de dónde sacas las fuerzas? ¿Cómo consigues continuar adelante? Aquí te vemos, en el centro del imperio, dirigiéndote muy claramente a las fuerzas del poder y siendo silenciado, condenado al ostracismo, marginado. Mientras tanto, en el resto del mundo, la gente te admira, lee tu obra y la encuentra extremadamente útil.

NC: No me siento marginado en los EE.UU.. Cuando llegue a casa esta noche, me pasaré cinco horas respondiendo correos electrónicos, y probablemente docenas de cartas serán invitaciones.

VN: Me refiero al hecho que estás marginado por las estructuras del poder.

NC: No me importan las estructuras del poder, no es dónde vivo. Si no me vieran como enemigo suyo, pensaría que algo no hago bien. Por esto, tengo una fotografía de la portada de la revista [The American Prospect] que te comentaba antes en un lugar tan visible.

VN: Es la mejor manera de indicar que estás haciendo lo que debes hacer.

NC: Sí, estoy haciendo lo que debo hacer. En parte es esto. Pero aquello que me hace continuar trabajando son cosas como las que ilustran fotografías como aquellas de allá [señalando]. Una muestra, la que fue la peor masacre laboral de la historia. En Chile , hace un siglo, en Iquique, los mineros trabajaban en las minas en condiciones realmente indescriptibles. Ellos y sus familias se manifestaron en dirección a la ciudad para pedir un ligero aumento de sus salarios. Los propietarios británicos de las minas los recibieron, los hicieron entrar en el patio de una escuela, les permitieron que empezaran su reunión, y después hicieron entrar a los soldados y les dispararon a todos: hombres, mujeres y niños. Nadie sabe cuánta gente mataron –no contamos el número de gente que matamos– quizás millares. Tuvo que pasar un siglo antes de que se hiciera alguna conmemoración. Esto [muestra la fotografía] es un pequeño monumento que vi el año pasado; había sido colocado por gente joven que apenas empezaba a romper las cadenas de hierro de la dictadura. No es sólo Pinochet. Chile tiene una historia amarga de violencia y represión de estado. Pero ahora lo están superando. Por lo tanto, sí, hubo una atrocidad, y ahora se empieza a prestarle atención.

Aquella otra de allá [señalando] es – la podrás reconocer– una pintura que me regaló un cura jesuita. Por un lado, está el arzobispo Romero, que fue asesinado el año 1980. Justo delante de él, están seis importantes intelectuales, curas jesuitas, a quienes mataron el 1989 unas fuerzas terroristas dirigidas por los EE.UU. que ya habían reunido un récord horroroso de masacres de víctimas corrientes. Y el Àngel de la Muerte , justo por encima de ellos. Este acontecimiento lo trajo Reagan –no el tío alegre. Esta es la realidad de los años 80. La coloqué aquí para que me recordara el mundo real. Pero ha sido un interesante test Rorschach. Casi nadie en los EE.UU. sabe lo qué es; ya que nosotros fuimos responsables de la masacre, no lo sabemos. La gente en Europa, quizás un 10%, sabe qué es. En América del Sur, diría, todo el mundo sabe qué es. Hasta hace poco. Ahora, la gente joven no lo sabe porque a ellos, también, se les está haciendo olvidar la historia. La historia y la realidad son demasiada peligrosas. Por un lado, ahora vuelven. La conmemoración de Iquique fue mayoritariamente iniciada por gente joven, en un intento de revuelta, queriendo recuperar el pasado, recuperar el idealismo, y hacer algo. Por lo tanto, esto es suficiente, más que suficiente, diría, para hacerme continuar adelante.

VN: Gracias. Ha sido una sesión extraordinaria. Déjame recordarte que estás invitado a venir a Barcelona y a Cataluña cuando quieras. Gracias en nombre de millones de personas.





CONCLUSIÓN DE VICENÇ NAVARRO A LA ENTREVISTA A CHOMSKY

Coincidiréis en que ha sido una entrevista muy interesante, 45’ de una voz crítica.

Sería importante que viéramos la relevancia que lo que Noam ha dicho tiene para nuestro país. Como decía al principio, Noam habla del futuro y este futuro no funciona si el modelo es EE.UU. Creo que es importante subrayar lo que Noam ha dicho. Una cosa es la libertad de expresión (que todo el mundo pueda decir lo que quiera), y otra es la democracia en el sentido de que lo que se diga debe tener acceso a los otros. Desde este punto de vista el mayor problema que tiene la democracia en los EEUU, entre otros, es el gran control de los medios de información, dirigidos, manipulados por grandes grupos económicos que canalizan que es lo que llega a la gente, y lo que no.

Desde este punto de vista hay un enorme control de los mensajes, de la información en los EEUU. La persona más conocida fuera de los EEUU. –Noam Chomsky- no aparece nunca en los grandes medios de comunicación de aquel país. Esto es un tema de una enorme relevancia y, en cierto modo, ya empieza a pasar en nuestro país, donde las voces de izquierda no suelen salir con frecuencia en los medios de comunicación catalanes y españoles y ciertos mensajes están claramente discriminados. Por ejemplo, ¿cómo es que no hay más artículos críticos con la Monarquía en nuestro país? Yo le hice la pregunta a Noam Chomsky de cómo explicaba que en los medios de información del “establishment”, un “establishment” que se le percibe como muy sesgado y muy fuerte, no permitía mayor diversidad. La misma pregunta podría hacerse en España. ¿Cómo es que no se permiten voces críticas con la Monarquía en los medios de información y persuasión del “establishment” español? Si la Monarquía está tan sólidamente asentada en España, como el “establishment” sostiene, ¿cómo es que no permiten mayor diversidad en sus medios y permiten voces críticas con la Monarquía en sus medios? Noam Chomsky responde muy acertadamente. Lo que Noam dice es muy cierto. Porque el “establishment” está mucho menos seguro de lo que creemos que está y esto es muy importante. Es muy importante saber que este enorme control de los medios se debe a que la gente que tiene el poder no está segura, e igual que pasa en los EEUU, la gente normal y corriente de a pie es mucho más progresista de lo que el “establishment” desea que sea y de aquí este enorme control de la información.

El otro punto del que habla es sobre el fenómeno Obama. Lo que estamos viendo en los EEUU. es prácticamente la desaparición de la política y su sustitución por unos mensajes mediáticos que se centran mucho en personalidades y sus características. Si uno tiene más experiencia, si el otro desea más cambio, pero en el caso del cambio, ¿qué cambios se están pidiendo?, ¿a través de qué instrumentos?. Paradójicamente el candidato del cambio está apoyado por algunos de los grupos financieros más importantes de los EEUU que son responsables de los enormes problemas que existen en aquel país, como por ejemplo, la falta de cobertura de los servicios sanitarios a la población.

Así pues, esta imagen de símbolo de los mensajes mediáticos, explica que hoy el pueblo de los EEUU. no sabe muy bien qué quiere decir este cambio, excepto de que ya están hartos de lo que tienen. Desde este punto de vista es importante entender este mensaje de que la política está desapareciendo sustituida por los mensajes mediáticos de tipo personal, en redes mediáticas que no tienen ningún valor en cuanto a explicar la realidad y todavía menos en cuanto a presentar alternativas.

Esto no quiere decir que todos estos personajes sean iguales, pues representan intereses diferentes y desde este punto de vista, Noam, naturalmente, valora más la posibilidad de que salga Obama antes que Mc Cain. Mc Cain seria ya la ultraderecha. Pero lo que es importante ver ahora en los EE.UU. no es lo que Obama diga o deje de decir sino lo que está pasando hoy en los EEUU., una sensación de alienación, de descontento, de movimiento “anti”establishment”” que también aparece en Europa. Recordemos lo que pasó con la Constitución Europea , en que los referéndums francés, holandés e irlandés muestran un gran rechazo a esta Europa del”establishment”. Y las encuestas en la mayoría de países también muestran este rechazo de las clases trabajadoras a esta Europa que se está construyendo a sus espaldas y a costa suya. La distancia entre los representados y los representantes se está haciendo cada vez mayor y esto es de lo que él nos habla.

Si este movimiento “anti”establishment”” se canaliza puede incluso desbordar a la persona que de una manera mediática aparece como mensaje de cambio. Tenemos que recordar que el candidato Roosevelt no era un político muy progresista. Ahora bien, había un enorme deseo de cambio y la población presionó para que hubiera cambio forzando a establecer el New Deal, las bases del estado del bienestar de EE.UU. En realidad, fue la presión de las clases populares la que impuso que se realizara el cambio. No fue Roosevelt el que lideró el cambio, sino la presión popular la que le desbordó y exigió aquel cambio.

Hoy hay una enorme crisis del sistema político estadounidense. El grado de alienación de la población con las instituciones representativas es muy alto, uno de los más altos en los últimos cincuenta años. La población está profundamente insatisfecha con la clase política y con el mundo empresarial (Corporate Class) que la instrumentaliza. La gente desea, por ejemplo, un sistema nacional de salud pública, unas políticas de pleno empleo con salarios más altos, y un largo etcétera. Pero esta presión popular por el cambio requiere organización, que es el último punto que subraya Noam, un punto que también es relevante para nosotros. La organización es clave.

Desde este punto de vista él es optimista en cuanto a los EEUU. porque cree que la gente, la clase trabajadora, las clases populares que, casi nunca aparecen en los medios del “establishment”, excepto en las últimas elecciones, cuando se descubrió a la clase trabajadora, y pudimos ver como un negro por un lado y una mujer por otro eran plenamente conscientes de que ganarían o no dependiendo de que pudieran o no movilizar esta clase trabajadora que había incluso desaparecido del discurso político. Esta observación es también muy relevante aquí, en nuestro país, en el que prácticamente ningún dirigente de izquierdas habla de clase trabajadora, o de la lucha de clases. Pues, esto es lo que está pasando en los EEUU y Chomsky lo cuenta con toda claridad.

Desde este punto de vista también habla de Europa, de que Europa no puede ser un apéndice de los EEUU. La función del gobierno federal de los EEUU en Europa ha sido la de debilitar a las izquierdas. Habla del caso de Italia, podría hablar también del caso de España.

Europa, sobre todo la Europa de las izquierdas se debe distanciar, independizar de esta tutela por parte del “establishment” de los EEUU y de su gobierno federal.

Por último, hablando del Mundo él cree que el Mundo tiene grandes posibilidades, que hay un movimiento mal llamado antiglobalización que hay que organizar. Desde este punto de vista acaba pidiendo una nueva Internacional. Muy crítico con las Internacionales anteriores cree que se tiene que montar una organización que coordine y relacione este movimiento que cree que tiene un enorme potencial.

Muchas gracias, y en nombre de la UPEC, deseamos que esta entrevista os ayude con nuestra vocación transformadora de nuestro país, de nuestro continente y de nuestro mundo.

Vicenç Navarro (www.vnavarro.org)


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jueves, 8 de mayo de 2008

La revolución de lo pequeño



"Si supones que no existe esperanza, entonces garantizas que no habrá esperanza. Si supones que existe un instinto hacia la libertad, entonces existen oportunidades de cambiar las cosas" (Noam Chomsky)

Entrevistamos a Noam Chomsky, un hombre muy conocido y muy significativo en los círculos de la "izquierda alternativa", pero también un hombre que ha ejercido una gran influencia en la lingüística, la psicología y la filosofía, y ha intervenido de manera significativa en muchas otras disciplinas.

Aclamado como el «Einstein de la lingüística moderna» -es el creador de la Gramática generativa-, también es bien conocido como disidente político y agudo crítico de la sociedad contemporánea.

Hablamos con él sobre la situación de los medios de comunicación: "Los medios de comunicación alternativo no sólo sobrevirán, sino que tienen un potencial ilimitado siempre que haya un compromiso popular que garantice su supervivencia" "Es más cuestión de acción que de especulación"

Pero también sobre la situación política mundial, sobre antimilitarismo y sobre …

…su "filosofía del lenguaje".

Frente a la sucesión de noticias falsamente neutrales y comentarios irreflexivos, se alza una voz resistente, solitaria e irreductible: la de Noam Chomsky, quien, a sus casi ochenta años, sigue siendo irreemplazable.

Aquí para escuchar entrevista

Publicado por dosorillas.org

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