jueves, 24 de septiembre de 2009

Sobre el asesinato de Atilio López



Entrevista a Lucio Garzón Maceda sobre el asesinato de uno de los dirigentes emblemáticos del Cordobazo
Atilio López fue la síntesis revolucionaria de la CGT combativa de Córdoba

Katy García
Revista Proyección

Fueron compañeros en primer grado –inferior- en el colegio Olmos. En 1956, volvieron a verse cuando López resultó electo delegado general de la CATA y candidato a secretario general de la Unión Tranviarios Automotor (UTA). La dictadura de Aramburu hacía estragos con las conquistas sociales y políticas logradas por los trabajadores durante el gobierno peronista. Intervino gremios, puso presos a dirigentes de primera línea y los proscribió.
Los trabajadores organizados le opusieron una férrea resistencia y la primera CGT regional recuperada fue la de Córdoba, en 1957. En la Unión Obrera Molinera, se eligió al consejo directivo integrado por Atilio López, como secretario general; Fortunato González, secretario adjunto; Miguel Aspitia, secretario gremial, y Lucio Garzón Maceda, secretario de prensa. "A partir de ese momento tuvimos una relación más activa", recuerda quien fuera además abogado laboral del gremio hasta 1972. "López fue decisivo para que Torres y Tosco pudieran caminar juntos en ese periodo. Fue una bisagra", sostiene mientras enciende un Parisiens tras otro.
Frontal, vehemente y categórico afirma que tras el triunfo de la fórmula Obregón Cano-Atilio López, "el enfrentamiento con el sector ortodoxo no cesó y la huelga de 1974 fue vista como una desautorización al acuerdo social firmado. Eso fue decisivo para que avanzara el sector destituyente", explica Garzón Maceda.

-Llama la atención que habiendo sido una figura central en ese periodo histórico, su trayectoria no es objeto de publicaciones; incluso, carece de reconocimiento…

El problema, de alguna manera, es que no se han trabajado las crónicas históricas con la transparencia que merecían. Generalmente, lo que se ha hecho a partir de 1984 tiene un contenido político de fracción donde no se le da entidad a la CGT Córdoba como proyecto político que arrancó en l 957; sino, que, han procurado rescatar aquello que justificara la acción política de esos grupos que no tuvieron actuación decisiva en aquel momento. Entonces, se concentraron en la figura de Tosco un hombre con cuyas definiciones políticas de corte marxista coincidían. Dirigentes combativos como López, Torres, Zárate de cerveceros, y varios dirigentes más, quedaran olvidados. Además, porque no hubo desde el peronismo una vocación definida por rescatar la experiencia de la CGT – Córdoba, del 57 al 72, donde uno de los gremios más importantes de Córdoba, la UTA, bajo la conducción de López aseguraba un planteo unitario, decisivo, que fue garantía del éxito de todos los movimientos de fuerza en ese periodo.

-¿Como cuadro político sindical qué ideas plasmó en la práctica?

López, en su acción produjo una síntesis revolucionaria: darle a la clase trabajadora de Córdoba el rol de contrapoder político; algo que la mayoría de los sindicatos actuales carece. Tenía claro que el hecho sindical trasciende lo salarial para transformarse en una tendencia política que plantee los principios programáticos de la clase trabajadora. La CGT tuvo ese proyecto y López fue quien preservó ese ideario con mayor honestidad y a veces intransigencia. Si bien compartía con Tosco y Torres una amistad, galvanizaba a los sectores peronistas legalistas, los más decididos a apoyar políticas de cambio. Pese a estar identificado con el peronismo combativo, ejercía la independencia y la autonomía; ideas que, dentro de la clase trabajadora, no son muy queridas por unos y otros. No era manejable y eso enaltece su figura.

-¿Qué aportó a la lucha sindical?

Fue un innovador en los métodos de lucha. Mucho antes del paro activo del ‘69, desarrolló dos huelgas de la CGT cruzando los ómnibus en los puentes de acceso al centro para facilitar la movilización y para impedir que las fuerzas represivas de la Libertadora actuaran. Fue una de las figuras políticas más importantes de ese periodo (1956-1972), un gran caudillo sindical con un alto contenido de formación política, sin perder de vista su raigambre popular. Elevó los programas obreros de la Falda y Huerta Grande y junto a Torres y Tosco, protagonizaron el Cordobazo y después el "Viborazo".

-¿Hubo una tensión entre su lealtad a Perón y sus convicciones antiburocráticas?

Creo que la independencia y autonomía de López lo obligaban a no estar preguntando que pretendía Perón. Los sectores ortodoxos lo que interpretaban no era a Perón sino a sus propias políticas. López y otros procuraban preservar esa autonomía sabiendo que de ninguna manera podía ser obstáculo para el retorno ni para el gobierno. Ahora, la huelga realizada en 1974 por el sector automotor le dio un argumento a la derecha para generar las condiciones de la intervención federal.

-¿Estaba dentro del proyecto de la tendencia revolucionaria y de las organizaciones armadas?

No. López tenía diálogo y amistad con dirigentes de la Tendencia y de las organizaciones FAR y Montoneros. Incluso, uno de sus amigos era Marcos Osatinsky pero mantenía siempre su diferenciación de dirigente sindical porque consideraba que era más importante que el foquismo la dirección de las masas conducidas desde lo sindical.

-¿Perón consintió el Golpe institucional?

No me animaría a decir que fue favorable a la destitución porque recuerdo que Obregón Cano mantuvo reuniones con el interventor del PJ y con Lorenzo Miguel en Mar del Plata y volvió con la convicción de que no iba a pasar nada. Ahora, producido el proceso de rebeldía policial todo el sector ortodoxo lo apoyó y desde las radios lanzaron una ofensiva que llevó a la destitución. Quizá, si se hubiera movilizado a los sectores adictos al gobierno, se hubiera podido evitar. Pero hubo cierta pasividad en la convocatoria y eso facilitó la tarea de los que querían resolver por la fuerza lo que no habían logrado en las elecciones internas entre Antún y Obregón Cano. Después, la renuncia abre el camino a la intervención

-¿Participó de los actos fúnebres?

Si por supuesto. Fuimos a la ruta 9 a esperar la camioneta que traía los restos. Había desconfianza que además de lo terrible del asesinato quisieran impedir una movilización popular multitudinaria como fue. El gobierno provincial quería que no se le diera trascendencia, pero el pueblo comprendió perfectamente la brutalidad del atentado y se lanzó a las calles. Fue velado en la casa donde vivió siempre junto a su familia. Debo rescatar el acompañamiento de su mujer en toda su carrera. Era un hombre cariñoso, alegre, pero con profundas convicciones de lo que debía ser su compañera. Un líder de gran llegada, de la que carecía Tosco.

-Depuesto del gobierno y fuera del sindicato: ¿por qué lo acribillan?

Lo asesinaron por lo que representaba en términos simbólicos como dirigente sindical, para crear en el pueblo la imagen de la inestabilidad y, a la vez, enviar un mensaje. A Varas lo bajan del avión, y a López lo retiran del hotel donde se hospedaba. Mujica fue fusilado con armas automáticas al igual que Ortega Peña. Los cuerpos eran atravesados por balazos realizados con armas automáticas. Ése era el sello del aparato parapolicial que López Rega organiza con ex policías y otros en actividad, desde el Ministerio de Bienestar Social. Sin ninguna duda, fue Terrorismo de Estado.

**Lucio Garzón Maceda es abogado laboral. Actualmente se encuentra realizando un trabajo sobre este periodo de la historia de la que fue protagonista y testigo.

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