viernes, 9 de marzo de 2007

La pared frente a mi

Coloqué una pequeña mesita de fórmica amarilla que antaño nos servía para las comidas, en el pequeño cuartito en que guardamos ciertos trastos y libros de política. De esto hace ya unos cuantos años.
Decoré las paredes frente a la mesita y a los lados. Una foto de Hank sonriendo y brindando, una de Burrowghs asomando desde debajo de la mesa, un demonio usando a cristo de gomera del Giger, una de Radowiztky y dos poemas.
Uno de ellos es el que sigue:

Generación

Dirán que teníamos el vino violento
y por las tardes, asomados al río tullido de la plata,
recitábamos poemas insalubres.
Que éramos unos pobres muchachos sin Partido
militantes violentos de la nada
que rompieron su amor con tanta furia.
Que vivíamos mujeriegos, desbocados,
y a veces, los domingos,
tomábamos el sol entre las gentes pasajeras.
Dirán que siempre hablando de la revolución
mientras tirábamos al blanco en las quermeses.
Que no teníamos raíces definidas, ni boleto de ida y vuelta,
ni sentimientos a la moda,
ni un pedazo de mar o de tierra reservados.
Dirán por qué los dejaron entrar así despiertos,
arrancando sonrisas, llorando a carcajadas,
inmensamente tristes, solitarios.
Dirán podrán decir los argumentos
que sepan o les manden, pero nadie
se atreverá a negar la explosión y el silencio
que habíamos puesto en los poemas,
los días que nos quedamos solos de odio y de alegría,
las noches que gastamos generosos
hasta llegar frente a la última puerta
cansados de llamar, echando humo,
vociferantes también y malqueridos.

Eduardo Romano

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