martes, 30 de diciembre de 2008

Felis@ño para tod@s



Los burgueses dicen que se viene un 2009 plagado de batallas sindicales.

Lucha de clases.

Bienvenidos sean los triunfos.

Mañana la seguimos.

Un abrazo a tod@s los que quieren otro mundo...

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domingo, 28 de diciembre de 2008

Israel bombardea nuevamente Gaza y van...



Lecturas:

Un bombardeo israelí en Gaza provoca una masacre que deja al menos 270 muertos


Los países árabes, horrorizados ante la masacre


La vergüenza de ser de Occidente


"No queda sitio en el depósito de cadáveres del hospital de Shifa"

Los misiles Qassam: una vil excusa que no engaña a nadie

Israel lanzó su bombardeo más sangriento

El mundo entero pide una tregua

Solidaridad con Palestina

Señales

Israel ataca nuevamente a Gaza, contabilizan más de 230 muertos


Tanques israelíes se concentran en la frontera de Gaza


Video amateur


Gazze'de Yüzlerce Şehid from islami gündem on Vimeo.

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Todo suma

De hacer lo que se puede



Por Juan Gelman

El Pentágono anunció con cierto orgullo que había alcanzado y aun superado sus metas de reclutamiento para el año fiscal 2007/08. En efecto: a fines de julio de este año lo había logrado ya en las cuatro armas –marines incluidos–, la guardia nacional y los cinco cuerpos de reservistas, con un total de más de 200.000 novatos incorporados. Lo que no declara es la calidad de los que se convertirán en soldados: por cuarto año consecutivo, el ejército estadounidense no consiguió que éstos posean el nivel de educación requerido, el bachillerato. No en vano siguen las bajas en Irak y Afganistán.

Ingresa, en cambio, otra clase de gente. Más del 11 por ciento de los reclutas necesitó permisos especiales porque había tenido o tiene diferentes problemas con la ley, un aumento del 8 por ciento en relación con el año anterior y el doble de la tasa registrada en el 2003, cuando EE.UU. invadió Irak (www.alternet.org, 22-12-08). “Es la receta del desastre –señaló Lawrence Korb, ex subsecretario del Pentágono durante el gobierno Reagan–. A largo plazo, puede crear un problema grave para los militares.” Pero metas son metas y hay que cumplirlas. Como sea. Tomando sobre todo en cuenta que el número de desertores se incrementó un 80 por ciento desde el 2003.

Abundan los alicientes económicos: más de la mitad de los reclutados en el período julio/septiembre del año pasado recibieron bonificaciones por valor de 20.000 dólares cada uno, con la obligación de presentarse al cuartel 30 días después del enganche para recibir entrenamiento básico (archives.chicagotribune.com, 11-10-07). Se juega con la pobreza de los jóvenes carenciados y haciendo espejear la posibilidad de una carrera. No sorprende que afroamericanos, latinos, asiáticos y nativos ocupen el 20 por ciento de esa nueva fuerza. La edad de la mayoría va de 18 a 24 años. Pero no sólo.

La Unión Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) ha denunciado que se busca atraer a filas a menores de 17 años, violando la Convención de los Derechos del Niño de la ONU: “El Pentágono recluta sobre todo en escuelas secundarias sin límites de edad de los estudiantes que contacta (informe ‘Soldiers of Misfortune’, www.aclu.org, 13-5-08). En el texto de esa investigación se subraya que el Pentágono invierte 6 millones de dólares por año en un videojuego llamado Ejército Estadounidense destinado a menores de hasta 13 años para ‘entrenarlos a usar armas y participar en combates virtuales y otras misiones militares’, enseñarles a disparar rifles automáticos y lanzagranadas y a saltar de un avión”. En septiembre del 2006 ya había 7,5 millones de inscriptos en el juego, con nombre y domicilio. Es un sitio que ofrece la lista ordenadita de potenciales reclutas.

Los líderes de algunos de los más de cien grupos de skinheads, neonazis y supremacistas blancos que medran en EE.UU. aprovechan el bajo nivel de las exigencias militares y alientan a sus miembros a enrolarse. Es un medio para adquirir capacidades operativas que de otro modo no tendrían, financiadas además por el Estado. Los fines de ese entrenamiento pueden verse en el blog www.arianwear.com utilizado por Aryan Wear Forum 14: un neonazi del grupo que firma “Sobibor’s SS” dice que tiene sus razones para ingresar al ejército, pero “por temor a que el gobierno me identifique no las puedo compartir aquí”. Meses antes las había explicado: “El día que se acaben los judíos, el mundo comenzará a arreglarse”. Sobibor fue el nombre de un campo de concentración nazi instalado en Polonia.

La banda skinhead Vinlanders Social Club (VSC) sube fotos a su web y puede verse la de un miembro con vestimenta de combate y manejando un Humvee en algún punto de Irak: “En otra misión de reclutamiento para VSC”, dice el epígrafe. El fundador de Militares de Piel Blanca se presenta como “cabo Burton”, habla de él en www.newsaxon.com y se explaya: “Amo disparar eficazmente a los hachies (iraquíes) con mi M16A2 de servicio”. El neonazi “88Soldado88” escribe en el sitio Sangre & Honor: “Espero que el entrenamiento me prepare para lo que deseo que venga”. El anónimo “Jacob Berg” agrega: “Sí, maté mujeres, sí, maté niños y sí, maté ancianos (en Irak). Pero la razón principal por la que estoy tan orgulloso de eso es porque matando a un tipo de piel oscura, muchos blancos vivirán para ver un nuevo amanecer” (www.splcenter.org, 15-12-08). No comments.

El atentado del neonazi Timothy McVeigh contra un edificio federal de Oklahoma City en 1995 causó la muerte de 168 personas y heridas a más de 500. Fue un ataque al gobierno central ejecutado por un veterano de la guerra de Vietnam. Washington no necesita importar terroristas. Los forma en las guerras que desata y los tiene en casa.

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La justicia naZional

La verdad que el tratamiento que da hoy Gobierno 12 al tema del intento de liberación de los represores es muy interesante. Mas allá de "quién" presenta la información, vale la pena leer una serie de artículos plagados de muy buena data...


LOS ARTICULOS DEL CAMARISTA SUBROGANTE GUILLERMO YACOBUCCI EN LA REVISTA CABILDO
Cosa de coherencia a lo largo de los años

Fue uno de los dos que votaron la liberación de Astiz, el Tigre Acosta y otros veinte represores. Fue en 1977 y 1978, cuando él era un joven que hacía carrera en Tribunales y Cabildo era el house organ de la represión.


Por Mario Wainfeld

Sus devotos lectores, pocos pero fanáticos, tenían sobrados motivos para esperar la revista Cabildo de agosto de 1977. El mensuario reaparecía tras dos meses de ausencia. La edición de junio había sido secuestrada por orden de la dictadura que, además, sancionó a la publicación prohibiendo su salida en julio. La reacción tenía que ver con una interna de las propias Fuerzas Armadas dictatoriales. Cabildo expresaba a (y recibía data confidencial de) un ala de los represores, encarnada, entre otros, en los generales Acdel Edgardo Vilas y Rodolfo Mujica y el comisario Ramón Camps. Enfrentaba con el furor propio de las internas a compañeros de armas que juzgaba “liberales”, les atribuía complicidades con la guerrilla, el judaísmo y otras bestias negras. José Alfredo Martínez de Hoz estaba en el banquillo de los acusados, Alejandro Agustín Lanusse ya había sido condenado. Algunos desbordes de esa doctrina colmaron la paciencia de la Junta Militar, que le aplicó una sanción piadosa, para los cánones de época.


En agosto Cabildo volvió con todo. Su tapa se floreaba con uno de sus tópicos favoritos: mostraba a Lanusse saludando a David Graiver, acariciándole la cara por más detalle. En el editorial el director Ricardo Curutchet no lagrimeaba por el cierre: “creemos (...) que el gobierno debe actuar sintiéndose asistido por facultades discrecionales, sin complejo alguno de comportarse institucionalmente como una Dictadura”. Sí se quejaba porque Cabildo había quedado entre dos fuegos “el gobierno que la cerró y el poder judío”. Contra éste embestía sin ambages, con la prosa macarrónica propia de la derecha nacionalista vernácula.


Acdel Vilas colaboraba con una nota larga, dedicada a una obsesión de los genocidas: la subversión cultural. Con dotes premonitorias notables, el genocida anticipaba argumentos que enunció Emilio Massera en el juicio a las Juntas, replicados ante decenas de estrados judiciales: guay de ganar la guerra y perder la batalla cultural.

Menos pimpante pero congruente con el contexto, la nota de apertura de la sección internacional se interesaba por la situación en España, durante la naciente restauración democrática. “Cocineros antes que frailes” se titulaba el artículo. Aludía, como hizo Antonio Machado, a dos Españas pero vistas del otro lado. Según el autor, de pluma generosa en casticismos y en palabras tonantes, los cocineros representaban el espíritu de la República y estaban volviendo. Los frailes eran, por oposición, “los grandes arquetipos de la raza”. La praxis del rey (con minúsculas siempre), “el Borbón”, era lapidada con minucia. Pero no sólo Juan Carlos estaba en entredicho, también sus súbditos. “El pueblo español no quiere hoy a los frailes, se ha quedado con los cocineros”, plañía el columnista para luego enardecerse: “ha preferido los derechos humanos de los guerrilleros al derecho insobornable de la Patria, optó por la fastidiosa palabrería de los políticos, entregando la serena palabra de los jueces, cambió la humilde justicia de la verdad por la amnistía de los asesinos, los tribunales económicos por la usura, la soberanía nacional por la soberanía popular”. La catilinaria antidemocrática apelaba en su crescendo al clasicismo hispano: “En fin, prefirió el fondo de las alforjas de Sancho a la punta de lanza del Quijote”.

La nota, de una página, nada decía sobre las eventuales comparaciones con la Argentina, tal vez porque caían de su peso.

El autor de la nota firmaba G.J.Y. Son las iniciales de Guillermo Jorge Yacobucci, uno de los dos camaristas subrogantes de Casación que decidieron la libertad de una pléyade de represores, incluidos Alfredo Astiz y Jorge Acosta, el Tigre.

Tertulias

Cabildo no tenía estructura legal en regla. Decía que la empresa era una SRL “en formación”, un rebusque convencional en publicaciones pequeñas. Disponía también de un sello de goma, el Centro de Estudios Nuestra Señora de la Merced. Bajo ese paraguas solían celebrarse las reuniones de debate político y de preparación de la revista, en una vieja casa ubicada en el tercer piso de Talcahuano 893. La construcción era noble, grandes los ambientes, en los encuentros podían juntarse entre 50 y 100 personas.

Llevaban la voz cantante Curutchet, Juan Carlos Monedero (un militante del derechista Sindicato Universitario de Derecho, a cuyo adecuado apellido debían hacerse los cheques por las suscripciones), Antonio Caponetto (el actual director de Cabildo). Varios sacerdotes ultramontanos, entre ellos autoridades de colegios confesionales, eran de la partida. Según contaron a este diario testigos presenciales, cuya identidad se reserva, Yacobucci participó en varias de esas tertulias, en un rol iniciático y promisorio. Las tenidas se realizaban para discutir “de política” o del sumario de la revista. También había intercambios con cofrades de otras latitudes. Los falangistas españoles, atribulados tras la muerte de Francisco Franco, eran invitados de honor. El ex presidente Roberto Marcelo Levingston participó en uno de esos homenajes. Yacobucci también fue de la partida. Era joven, había nacido en 1956, la cúpula de Cabildo le proyectaba un porvenir brillante.

Los informantes saben que firmaba las notas con iniciales porque, estudiante aún, aspiraba a hacer carrera en el Poder Judicial. Y las internas dictatoriales que mencionamos en el primer párrafo motivaban que él mismo y sus mentores eligieran el módico enmascaramiento en prevención de potenciales represalias.

Obras completas

G.J.Y volvió a escribir en Cabildo un año después, en agosto de 1978. En términos periodísticos, ascendió. Su columna, titulada “Un canto para la Argentina Austral”, comentaba el tema de tapa, que era la escalada bélica con Chile. La revista propiciaba la guerra, G. J. Y. le agregaba condimento a la postura editorial. Con la proverbial pulsión tanática del nazionalismo convocaba a morir por la Patria. El argumento era moral pero también rozaba una curiosa interpretación jurídica: “Nada más irrevocable que la posesión adquirida a costa de la sangre”, estipulaba. Y oponía esos títulos rojos a la chatura de los documentos. “¿Qué papel con negros párrafos y largos articulados podrá oponerse al sacrificio de quienes se han inmolado en acto supremo de generosidad por la integridad territorial?” El sistema internacional cedía ante la densidad legal de los muertos en combate: “No existe Organización, Sociedad o Pacto en el mundo capaz de hacer retroceder a los muertos del campo conquistado con su vida”. Como en todas las citas de esta nota las mayúsculas son responsabilidad estricta del autor de los originales.

Era una versión institucional pintoresca, algo traída para un hombre de leyes que iba terminando su carrera de abogado en la Universidad de Buenos Aires, donde se recibió en 1980.

Guillermo Yacobucci ascendió peldaño a peldaño en Tribunales, integra por derecho propio la “familia judicial”, según sus recibos de haberes tiene 34 años de antigüedad. También hizo méritos académicos. Su currículo expone numerosas obras publicadas, solo y en colaboración, casi todas de derecho penal. Tiene reputación de hombre de derechas y de juez con versación jurídica superior a la media. Dirige el Departamento de Derecho Penal de la Universidad Austral, estrechamente ligada al Opus Dei.

Llegó como subrogante a la Cámara Federal de Casación, eligió la mitad de la biblioteca que favorecía la libertad de Astiz y del Tigre. En un caso polémico, abierto a interpretaciones dispares, optó por la más favorable a los terroristas de Estado, beneficiándolos por la desidia de los magistrados. La decisión judicial no es un proceso puramente deductivo, contiene opciones valorativas y políticas.

El lunes pasado, el casador interino Yacobucci asumió que los juicios sobre el terrorismo de Estado se dilatan porque “la Justicia no marcha a un ritmo deseable”. Y, en parcas declaraciones a los medios, defendió el fallo.

Eso sí, dejó sentado que los crímenes de lesa humanidad le causan “repugnancia visceral”.

En otros tiempos, por lo visto, pensaba diferente.

Nazionalismo del más añejo


Nostálgica de cuando tenía influencia y hasta algún poder, la ahora marginal revista se mantiene firme en eso de confundir coherencia con obsesiones. Un vistazo a la historia y la actualidad de Cabildo.


Por Sergio Kiernan

La revista Cabildo es una de las criaturas más excéntricas de la derecha nacionalista argentina. Pernóstica, malamente escrita, obsesiva en inventarse enemigos, es sin embargo representativa de una vena subterránea que no tiene miedo al ridículo y sigue ahí: es la revista más antigua de ese palo.

Cabildo aparece y desaparece tanto que los radicales tenían el chiste de que sabían que iban a ganar las elecciones porque la estaban relanzando. La primera edición vio los kioscos el 17 de mayo de 1973, justo a tiempo para escandalizarse con Cámpora y despuntar una vieja fantasía del nacionalismo católico, la del complot masónico-liberal-sionista para entregar el país al comunismo internacional.



Este tipo de cosas es un artículo de fe entre los nacionalistas católicos de derecha. En 1973, lo que pasaba era que Alejandro Agustín Lanusse había aceptado llamar a elecciones por ser un criptoliberal, un masón y un sirviente de la Trilateral, el nuevo nombre del Kahal de Hugo Wast. Sólo esto explicaba que traicionara la “revolución” de esos católicos ilustres que fueron Juan Carlos Onganía y Marcelo Levingston, invitado de Cabildo en sus reuniones políticas. Curiosamente, el maoísmo había llegado a la misma conclusión y acusaba a Lanusse de ser un agente del comunismo soviético, que definía como el “verdadero dueño” de Argentina gracias a testaferros que posaban de millonarios conservadores, como Adalberto Krieger Vasena.

Para Cabildo, entonces, el pase de mando de Lanusse a Cámpora fue la misma entrega de Argentina a la subversión judía, cosa explícitamente dicha en esos tiempos felices en que no había ley antidiscriminatoria. La revista, junto a casi todo el nacionalismo, respiró aliviada con la aparición de Lastiri y la llegada de Perón al poder, el mismo año, y con el nombramiento de gente de confianza como Alberto Ottalagano y Oscar Ivanissevich en las áreas culturales y educativas del Estado. Así empezó la “limpieza”.

El golpe de 1976 fue simplemente la oportunidad de volver a sentirse en el poder para muchos del sector nacionalista, cosa que no ocurría realmente desde hacía años. Cabildo hasta se dio el gusto de jugar en las internas militares, apoyando a los “nacionalistas” frente a los “liberales”. Este azules versus colorados tardío le valió un chas chas en la colita y la revista fue retirada de kioscos y clausurada por un mes, cosa que todavía recuerdan como una epopeya heroica.

No extraña que Cabildo coincidiera ideológicamente con lo más feroz de la represión y tuviera de columnista al general Adel Vilas, un militar “pensante” capaz de leer los libros de Salvador Borrego y de escribir sobre los peligros de la subversión cultural triunfante. Este argumento resultó de larga vida y fue usado por varios militares al ser juzgados por sus atrocidades. Es así: la subversión existe y es corrosiva; usted no se da cuenta porque ya fue cooptado; los terroristas no ganaron la batalla militar, pero al convencerlo a usted de que somos malos ganaron la batalla cultural. O como decía Cosme Béccar Varela con más elegancia, “usted ya es un comunista, sólo que no se da cuenta”.

Hojear las Cabildo de los setenta permite descubrir también de dónde viene la obsesión del grupo por el Conicet. Resulta que la “cueva de terroristas” fue “limpiada” por Ottalagano, que se le entregó a gente más confiable. Varios nazis, nacionalistas y católicos falangistas con título universitario, se transformaron en investigadores rentados. Una de las tantas razones del odio desmesurado que le tiene la revista a Raúl Alfonsín fue que su gobierno terminó con esos contratos.

El staff de Cabildo muestra continuidades notables. El director fue Ricardo Curutchet hasta su muerte, acompañado de Juan Carlos Monedero como secretario de redacción y tesorero. Entre los colaboradores se puede ver, ya hace treinta años, a Antonio Caponnetto, actual director, y a plumas como el médico Hugo Esteva, profesor de cirugía en la UBA y colaborador en publicaciones afines como Patria Argentina. Ya en los setenta, Caponnetto había desarrollado el estilo farragoso y estentóreo que lo sigue destacando, y ya mostraba síntomas de la logorrea que lo impulsa a prologar cuanto libro le ponen delante. No es su culpa, en realidad, ya que sigue el estilo vueltero y lleno de exclamaciones de Curutchet.

Los veinticinco años de democracia que acabamos de cumplir no fueron gratos para Cabildo. Como el nacionalismo reaccionario, elitista y chupacirios es químicamente piantavotos –acerada definición del Perón de 1946–, sólo mojaban cuando gobernaban por la fuerza las minorías a las que influían. Así fue en 1943 y 1955, y así fue en 1966 y 1976. El sector llega a este nuevo milenio en un estado de marginalidad completa, sin la influencia cultural a la que se habían acostumbrado y pasados por derecha por otros sectores. Sólo les queda algún militar, juez o párroco, que trata de que no se noten sus convicciones.

Un síntoma de esta marginalidad es el nuevo slogan de Cabildo, “alguien tiene que decir la verdad”, y su creciente concentración en actividades más religiosas que políticas. El único ambiente donde el nacionalismo católico juega de local es ese arrabal de la Iglesia que sueña con cruzadas de limpieza y piensa que con Franco estábamos mejor. Esto explica que los nuevos héroes de Cabildo sean obispos militarizados como Antonio Baseotto y sus actos de desafío al “régimen” consistan en misas en Luján o ataques a artistas como León Ferrari.

Y también explica el vueltero hispanismo de la prosa cabildesca, donde los colaboradores firman sus notas desde “San Luis de la Punta de los Venados” o desde el “Fuerte de San Felipe de Montevideo”, escriben de tú o arman diálogos platónicos, como Aníbal D’Angelo Rodríguez, editor de cultura, sobrino de Ivannisevich y racista que se llevó racismo a marzo. Son todas muestras de senectud y marginalidad de una revista –de un sector– que supo bajar línea y ser escuchado.


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sábado, 27 de diciembre de 2008

Noche no del todo buena

Villa Constitución
Una Nochebuena sin Papá Noel, pero con unidad de los obreros

Falta una hora para la medianoche. Unos pibes corretean detrás de una pelota de plástico, un par de metalúrgicos devenidos en asadores arriman brasas a una parrilla donde empieza a tomar color una vaquillona donada por el intendente, un grupo de mujeres prepara ensaladas, otros acarrean sillas que alinean en las largas mesas tendidas casi a pleno campo. Parece un festejo navideño más, pero lejos está de serlo.



Los improvisados mozos recorren las mesas donde casi 200 operarios suspendidos con sus familias —de los 1.200 afectados por la grave medida empresarial en Paraná Metal de Villa Constitución— decidieron pasar acaso la Nochebuena más tristes de sus vidas. No hay vino ni gritos de celebración. Rostros serios y diálogos en voz baja pintan la dura realidad que atraviesan.

El pedido de "un aplauso para los asadores y los mozos" intenta romper la tristeza, pero es sólo por un momento. Junto al inmenso cartel que indica el ingreso a Paraná Metal, un arbolito de Navidad instalado por la empresa y formado con luces de colores titila sin alma.

"Lo que más duele es que nos quieren quitar la dignidad de pasar una Navidad con las familias, en nuestros hogares. Nos quieren sacar la dignidad de programar nuestras fiestas, las vacaciones o el regalo que hoy nuestros hijos no tendrán", se entristece Claudio, sin abandonar por un segundo su puesto de encargado del improvisado almacén donde se juntan las donaciones.

A su lado, Ramona Chávez asiente con lágrimas en los ojos. Ramona es esposa y madre de operarios suspendidos, y al frente de otras madres, esposas, hermanas y novias se convirtió en todo un símbolo de las mujeres que luchan junto a sus hombres.

“Estar aquí en la carpa, con los compañeros y sus familias es algo distinto. Nos gustaría que la gente tomara real conciencia de lo que nos pasa. Comer vamos a comer, pero es distinto, muy difícil”, se emociona Ramona.
Lágrimas y fuerza 

“Desde mi casa hasta aquí vine llorando, porque no se puede creer que esto nos esté pasando a nosotros. Fuerza y esperanza es lo que nos sobra, y junto al valor y a la unidad tenemos todo para seguir soportando esta lucha que no sabemos hasta cuándo durará”, dice.

Toda esa esperanza que resume Ramona se basa en las últimas novedades sobre el conflicto, noticias que el tesorero de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM Villa Constitución-CTA), Carlos Vázquez, no se cansa de repetir mesa por mesa, compañero por compañero.

“Tenemos 30 días por delante para seguir peleando por reabrir la planta. Se está hablando de la llegada de un gran inversor, y a partir del 15 de enero, fecha prevista para el retome de las actividades, Carlos Leoni, un socio minoritario, se haría cargo del directorio, que también tendría nuevos directores”, adelanta Vázquez.

Dicen que las nuevas inversiones vendrían desde el grupo Techint, pero el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, todavía no ha confirmado la identidad del inversor. “Nos dijo que va a haber inversiones, pero que aún no está en condiciones de decir de dónde vendrán”, se esperanza un grupo de mujeres, mientras piden especialmente “una foto para que los patrones vean cómo pasamos la Navidad”.

Apoyado sobre un árbol, un cartel escrito con tiza sintetiza el pedido general a un Papá Noel que este año parece haberse olvidado de pasar por este pequeño lugar en el mundo: “Nosotros lo único que te pedimos es lo que nos corresponde: quincena, vacaciones y aguinaldo. Muchas gracias”.

Las bombas y los fuegos artificiales iluminan el cielo de toda la ciudad mientras el secretario adjunto de la UOM de Villa, Juan Actis, se prepara para el brindis de Nochebuena: “Estamos pasando momentos muy duros, pero esta unidad de todos los compañeros nos llevará al triunfo. Hasta la victoria final, salud compañeros”, levanta su copa el dirigente del gremio históricamente enrolado en la CTA.

“Le pedimos al Niño Dios que esta sea la última Nochebuena que alguien tenga que pasar así. Tenemos toda la confianza y la esperanza en el futuro, pero este momento no deja de ser muy duro”, coinciden dos familias que comparten la gran mesa metalúrgica.

Las plegarias y los deseos se funden en miradas esperanzadas hacia el cielo, ya definitivamente teñido de todos colores. Los pibes se fueron de las mesas y siguen correteando tras una pelota de plástico. El arbolito de Paraná Metal continúa titilando sin alma. Las bombas y las sirenas indican que son las 12. Es Navidad.
Festival y pedidos

"La lucha es larga, necesitamos el apoyo de toda la gente, en especial de los comercios. Precisamos alimentos, agua mineral, pañales, porque hay compañeros que no tienen ni para comer", se preocupa Ramona Chávez desde su espacio Mujeres en Lucha. "La gente puede venir a la carpa a dejar sus aportes, pero además iremos a recorrer la ciudad, debidamente identificados, para pedir donaciones", explica.

Desde el jueves los chicos de los obreros reciben su merienda en la carpa. Los operarios sólo recibieron $500 el lunes y no volverían a ver un peso hasta el 5 de febrero, cuando cobrarían sus quincenas si es que la planta se pone en marcha el 15 de enero, como dijeron.

El próximo domingo habrá un festival en la carpa, a las 20.00. La entrada será un alimento no perecedero, aunque no es obligatorio. Participarán Hugo Castiglioni, Los Cantores del Camino, Diego Zalazar y Willy Rufini, Martín Rojas y el grupo Asombro.

Fuente: Osvaldo Flores, Diario La Capital de Rosario


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viernes, 26 de diciembre de 2008

El sueño argentino, Hadad invita

Del Boletín quincenal Nº 103 de Prensa de Frente

Se celebró la fiesta de fin de año del Grupo Infobae (C5N, Radio 10, Vale, Mega, Pop 101.5 y ViDa) en la rural. En 1995 y gracias a su amistad con el presidente Carlos Menem, una sociedad conducida por Daniel Hadad, quien hasta allí solo había sido productor de Bernardo Neustadt, redactor de la ravista Somos y conductor de programas de televisión menores, “ganó” una polémica licitación de la frecuencia 710 de AM de la radio municipal, que se transformaría en la actual Radio 10.


Esta no es de la fiesta, pero a la parejita de la foto le hubiere gustado asistir de haber podido. Demasiadas ocupaciones... o compromisos?


Para ver el resto de las IMPERDIBLES fotos con sus respectivos e IMPERDIBLES epígrafes, hagan click acá, para ir a Prensa de Frente...

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jueves, 25 de diciembre de 2008

Punc



Alguien videó el tema "Punc" de Leo Masliah.

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martes, 23 de diciembre de 2008

++ y + Ballard

El aeródromo abandonado

Imaginando la respuesta, Jim bajó de la terraza. Corrió por el césped hasta más allá de las escardadoras, lanzando el avión por encima de sus cabezas. Las mujeres no le hicieron caso; siguieron cortando la hierba con sus cuchillos, pero Jim siempre sentía un leve estremecimiento de horror cuando se acercaba demasiado. Podía imaginar lo que ocurriría si se desvanecía delante de ellas.

En el ángulo sudoeste del terreno estaba la antena de radio del doctor Lockwood. Los tensores habían desplazado una parte de la cerca de madera, y Jim pasó por la abertura a un campo inculto. En el centro, entre la caña de azúcar silvestre, había un túmulo sepulcral, y los ataúdes podridos sobresalían de la tierra suelta como los cajones de una cómoda.



Jim echó a andar a través del campo. Cuando pasó junto al túmulo se detuvo a mirar los ataúdes sin tapa. Los esqueletos amarillentos estaban envueltos en el lodo arrastrado por las lluvias, como si esos pobres campesinos hubiesen sido amortajados en lechos de seda. Una vez más asombró a Jim el contraste entre los cuerpos impersonales de los nuevos muertos, que veía todos los días en Shanghai, y esos esqueletos entibiados por el sol, cada uno un individuo. Le intrigaban las calaveras, de dientes torcidos y cuencas de mirada oblicua. En muchos sentidos, los esqueletos estaban más vivos que los campesinos que por breve tiempo habían arrendado esos huesos. Jim se tocó el mentón y las mejillas, tratando de imaginar su propio esqueleto al sol, descansando en la paz de ese campo, a la vista del aeródromo desierto.

Abandonando el montículo sepulcral y su familia de huesos, Jim atravesó el terreno hasta una hilera de álamos agostados. Subió por unos bastos escalones de madera a un arrozal seco. A la sombra del cerco yacía el coriáceo cadáver de un búfalo de agua. Pero no había nadie más en el paisaje desierto, como si todos los chinos de la cuenca del Yangtsé hubiesen abandonado el campo para refugiarse en Shanghai.

Sosteniendo el modelo de madera de balsa por encima de la cabeza, Jim corrió por el arrozal hasta un edificio de hierro situado en un terreno más alto, a unos cien metros hacia el oeste. Los restos de un camino de cemento, cubiertos de ortigas y cañas de azúcar, pasaban junto a una ruinosa caseta y llegaban a un mar abierto de hierba salvaje.

Era el aeródromo de Hungjao, un sitio mágico para Jim, donde el aire llevaba excitaciones y sueños. Allí estaba el hangar de metal galvanizado; poco más quedaba de ese aeródromo militar desde donde los cazas chinos habían atacado a las columnas japonesas de infantería que avanzaban sobre Shanghai en 1937. Jim entró en las hierbas altas hasta la cintura. Como el agua del mar en Tsingtao, debajo de la superficie cálida había un mundo fresco movido por corrientes misteriosas. El vivo viento de diciembre agitaba la hierba, como si las hélices de unos aviones invisibles dibujaran torbellinos alrededor. Escuchando atentamente Jim casi podía oír el ruido de los motores.

Jim lanzó al aire el aeromodelo. Ya estaba aburrido de ese pequeño planeador. Allí donde estaba jugando, los pilotos chinos y japoneses, en traje de vuelo, se ajustaban las antiparras antes de despegar para el ataque. Jim vadeó las hierbas más altas, que le llegaban a los hombros. Miles de tallos se arremolinaban en torno de los pantalones de pana y la camisa de seda, como si intentaran identificar a ese aviador en miniatura.

Un simple zanjón era el límite sur del aeródromo. Entre las ortigas asomaba el fuselaje de un caza japonés monomotor, quizá derribado cuando trataba de aterrizar en la pista de hierba. Le habían quitado las alas, la hélice y la cola, pero la cabina estaba intacta, el metal herrumbrado del asiento y los mandos descoloridos por la lluvia. Por las cubiertas plegadas del radiador Jim podía ver los cilindros del motor que había impulsado a ese avión y a su piloto por el cielo. El metal, en un tiempo bruñido, era ahora oscuro y áspero como piedra pómez, como los cascos de los submarinos oxidados amarrados en la caleta del Tsingtao, debajo de las fortificaciones alemanas. Pero a pesar de la herrumbre, ese caza japonés pertenecía todavía al cielo. Durante meses Jim había pensado en cómo podría convencer a su padre de que lo llevara a la Avenida Amherst. Por la noche podría tenerlo junto a la cama, iluminada por los noticiarios que se le encendían en la cabeza.
Jim apoyó su modelo de madera de balsa en la cubierta del motor, trepó sobre el parabrisas y se dejó caer en el asiento metálico. Sin el paracaídas que era el cojín del piloto, Jim estaba sentado sobre el suelo de la cabina, en una caverna de metal oxidado. Miró los botones de los instrumentos con ideogramas japoneses, los timones, la palanca del tren de aterrizaje. Debajo del panel de instrumentos podía ver las aberturas para las ametralladoras y el mecanismo sincronizador conectado con el eje de la hélice. Una atmósfera poderosa se cernía sobre la cabina, la única nostalgia que Jim había conocido nunca, la memoria intacta del piloto que había estado ante esos mandos. ¿Donde estaba ahora el piloto? Jim pretendió manipular los controles, como si esa acción simpática pudiera evocar el espíritu del aviador muerto mucho antes.

Había una cinta metálica con una columna de caracteres japoneses clavada al tablero, debajo de uno de los cuadrantes empañados; una lista de presiones del colector o de ángulos de inclinación. Jim la desprendió de los carcomidos bulones, se puso de pie y Ia guardó en el bolsillo de sus pantalones de pana. Trepó fuera de la cabina y pasó a la cubierta del motor. Los brazos y hombros se le estremecían por las confusas emociones que invariablemente ese avión en ruinas desencadenaba en él. Exaltado, lanzó al aire el aeromodelo.
Atrapado por el viento, el planeador se elevó velozmente sobre el perímetro del campo de aterrizaje. Resbaló sobre una antigua casamata de cemento y cayó más allá, en la hierba. Impresionado por este rápido vuelo, Jim saltó del avión y corrió hacia la casamata con los brazos extendidos como si ametrallara a los insectos alados.
—Ta-ta-ta-ta-ta... Vera-Vera-Vera...

Del otro lado del zanjón había un viejo campo de batalla de 1937. Allí, una vez más, los ejércitos chinos habían intentado en vano contener el avance japonés sobre Shanghai. La ruinosas trincheras se extendían en zigzagues; una derrumbada pared de tierra unía un grupo de túmulos en el cauce de un canal en desuso. Jim recordó que había visitado Hungjao con sus padres en 1937, pocos días después de la batalla. Grupos de europeos y americanos iban allí desde Shanghai y detenían sus coches en los caminos rurales cubiertos de cápsulas de balas. Las señoras con sus vestidos de seda y los hombres en traje gris paseaban entre los escombros de la guerra, ordenados para ellos por una escuadrilla de demolición. A Jim el campo de batalla le pareció sobre todo un basural peligroso; dispersas al borde del camino había cajas de municiones y granadas en serie; rifles apilados como cerillas y piezas de artillería todavía uncidas a cadáveres de caballos. Las correas de munición de las ametralladoras corrían por el césped como pieles descartadas de serpientes barrocas pero ponzoñosas. Alrededor estaban los cuerpos de los soldados chinos muertos. Cubrían las márgenes de los caminos y flotaban en los canales, apretujándose en torno de los pilares de los puentes. En las trincheras, entre los túmulos, cientos de soldados muertos permanecían sentados, con la cabeza apoyada sobre la tierra removida como si se hubieran dormido juntos, sumidos en un profundo sueño de guerra.


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Otros patrones extraviados...

Comunicado de prensa de los trabajadores de Indugraf


LOS TRABAJADORES DEBERÁN RECUPERAR INDUGRAF Y HACERLA TRABAJAR BAJO GESTIÓN Y CONTROL DE SUS PROPIOS OBREROS

Taller gráfico Indugraf, propiedad de Carlos Martínez e hijos y sito en Sánchez de Loria 2251, después de venir trabajando en términos generales de manera normal; en los últimos años implementa el pago en cuotas de los salarios y se fueron deteriorando paulatinamente todas las condiciones de trabajo.



Paralelamente se fue transitando por un proceso de comprensión y organización que deriva en diversas formas de lucha y de reclamos en defensa de los derechos básicos y del convenio.

Así es que llega el día 24 de Noviembre, los obreros se presentaron como siempre a cumplir con sus tareas pero se encontraron con el taller cerrado y todas sus puertas clausuradas. Todos recibieron el telegrama de despido y a ninguno le pagaron los dos últimos meses de sueldo que la empresa adeudaba.

La respuesta de los trabajadores fue organizarse para garantizar una permanencia permanente en las puertas del taller y la instalación de carpas en la vereda. Se concurrirá a todas las instancias legales y audiencias fijadas por el Ministerio de Trabajo, pero una vez terminada esta etapa y por no haber logrado que aparecieran los dueños; los trabajadores, cansados ya del manoseo y con toda la incertidumbre, decidieron en asamblea el día 10 de Diciembre, entrar al taller y permanecer tanto adentro como afuera, en resguardo de las máquinas como garantía de la reconocida deuda salarial.

Se fueron armando comisiones para ir cubriendo las distintas necesidades, todo es resuelto por la asamblea interna de trabajadores y afuera también se organiza el grupo de apoyo permanente a fin de apurar las acciones de conjunto que hacen falta para una mayor difusión del conflicto y rodearlo de una solidaridad más concreta y de más gente.

El objetivo es que aparezcan los dueños o que alguien otro se haga cargo de la reapertura del taller, reincorpore a todos los despedidos, se paguen los salarios adeudados y se respete a todos la antigüedad.

Ahora si esto no ocurriera; los trabajadores ya vienen evaluando la necesidad de hacerse cargo de la empresa y el cómo garantizar su funcionamiento y continuidad.

Todo esto que los patrones muestran como consecuencia de la crisis internacional, se da justo y a contramano del discurso oficial y mentiroso que habla de que se sigue trabajando para la creación de empleos y en la implementación de medidas para impedir los despidos. Justo también cuando el gobierno se jacta de honrar los compromisos de la deuda externa y que no solo es porque tiene voluntad de pago, sino y fundamentalmente porque puede hacerlo.

Dentro de este marco en que las cosas suben igual que la desocupación los trabajadores despedidos de Indugraf estarán para las fiestas de fin de año, juntos y con todas sus familias, compartiendo lo que haya, la continuidad de la lucha y el aguante.


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lunes, 22 de diciembre de 2008

Toma talle S

Mac Body recuperada
Revolución - línea infantil x La Vaca

La marca Mac Body lleva treinta años en el mercado de la ropa de niños. Ahora su producción pasó a manos de sus trabajadores. Cómo fue lo que llaman “nuestra pequeña revolución”, que sumó otra fábrica a la lista de recuperadas.

La planta de tres pisos ocupa un cuarto de manzana, a pocas cuadras de la estación Villa Urquiza del ferrocarril Mitre. Una zona arbolada, de veredas amplias, que tiene su banda de sonido propia: la cadencia del tren. Allí hace un año y medio cuarenta trabajadores decidieron hacer frente al “Vayan buscando otro laburito” que los hermanos Silverman, dueños de la fábrica, deslizaron poco antes de desaparecer de la escena.



Cheeky, Mimo y la toma

El presidente de la Cooperativa, Gastón Peña, cuenta que fue un proceso lento pero inexorable de endeudamiento y cuentas poco claras, hasta que en mayo del 2007 todo estalló: no estaba el dinero de los sueldos. Reunidos en asamblea, los trabajadores decidieron ocupar la planta. “La toma duró 16 días, pero la medida fue pensada como forma de presionar a los patrones para que pagaran, al menos, las indemnizaciones”. Sin embargo, los Silverman se hicieron humo. Mac Body quedó, entonces, en manos de quienes realmente habían sostenido la marca, que junto a Mimo y Cheeky; llevaban diez años confeccionado.
Peña sostiene que recién a partir de ese momento se empezaron a conocer, a pesar de haber estado juntos un montón de años. Admite que fue difícil porque el dueño había aplicado todas las estrategias para generar divisiones y enfrentamientos entre los trabajadores, pero que lograron saltar esas piedras del camino. Y otras también.

Cómo se achica una empresa

Gastón recuerda que en 2000 Mac Body fue record de ventas en el mercado de indumentaria infantil. Para sostener ese nivel de demanda eran casi trescientos empleados repartidos entre la planta y las 20 sucursales que tenía la empresa en ese tiempo. Toda esa gente fue despedida o expulsada, porque decidieron irse al ver que las condiciones laborales empeoraban. “Por ejemplo, en un sector donde trabajaban diez personas dejaron tres –narra el trabajador- Terminamos siendo cuarenta comodines ocupando todos los puestos. Llegamos al 2007 sin cobrar aguinaldo ni vacaciones. Mientras tanto, la producción no mermaba, sólo la calidad de las telas con las que trabajábamos”.

Antes de que los dueños de Mac Body avisaran que se les estaba ‘complicando’ pagar los sueldos del personal, comenzaron a cerrar sucursales. Marcelo Astudillo, vocal titular de la cooperativa recuerda que en ese momento trabajaba en el sector de mantenimiento. “Yo vivía esta situación de cerca, porque cuando íbamos a desarmar los locales la gente que trabajaba ahí ni siquiera había sido notificada. Los compañeros no estaban enterados de lo que estaba pasando y nosotros sí. Llegó un momento en que aparecíamos con las herramientas y era un río de lágrimas”.

Nuestra propia revolución

Los locales cerrados se iban sumando y los muebles de las ex sucursales llenaban el garaje de la empresa. Suficiente información como para que los trabajadores de la planta recurrieran al asesoramiento gremial de la Unión de Cortadores. Para el 11 de mayo de 2007 era oficial la frase patronal: “Vayan buscando otro laburito”. El presidente de la cooperativa dice: “Cuando el dueño nos anuncia que iba a cerrar la fábrica, le respondimos ‘él que se va a tener que ir sos vos, nosotros estuvimos aguantando todas las crisis`. Nos subestimó.” Entonces, el sindicato les aconsejó no moverse del lugar de trabajo previendo que al día siguiente no pudieran ingresar a la planta. Gastón considera que ese fue el momento clave: “Ahí decidimos hacer nuestra propia revolución y quedarnos”.
Marcelo Astudillo, vocal de la cooperativa, acota: “Hasta la gente que tenía más afinidad con el dueño también sintió que se iba a quedar afuera y se alió con nosotros, los que tenemos la pala, la fuerza de trabajo”.

¿Cómo pensar distinto?

Los trabajadores coinciden en señalar que la medida fue implementada para obligar al dueño a, por lo menos, pagar las indemnizaciones. Los hermanos Silverman aparecieron una sola vez durante los 16 días que duró la toma con la pretensión de ingresar a su propiedad. Marcelo relata: “les dijimos que la única opción que tenían era ir al Ministerio de Trabajo a hacer una oferta, porque de la planta solo saldríamos con nuestra indemnización”. Nunca más aparecieron.

Gastón advierte que en ese momento “fue difícil empezar a conocernos los de arriba, los del medio y los de abajo. Conocernos de golpe, después de tantos años juntos, revertir las divisiones y enfrentamientos que los dueños habían construido con tanta obstinación. Había gente que se creía que era amiga del patrón, me decían ‘Yo lo conozco, me invitó a su casa a comer asados’. Él generaba enemistad entre los diferentes sectores. Pero junto con las astillas quedan las raíces: todos los que laburan acá saben hacer el trabajo desde cero”.

Para Marcelo esos días de la toma fueron un descontrol “la gente no sabía dónde iba ir, qué iba a pasar. Algunos eran más fuertes, otros más débiles y, a la vez, había que apuntalar a los que se iban para atrás. Es natural, porque para sostener esto tenés que hacer cambios internos, y no volvés a ser el mismo que eras antes. Imagináte a una persona que hace diez años que está manejando una misma máquina ¿cómo hace para pensar distinto?.” “Es que uno está acostumbrado a que le digan: ‘Hacé esto, o aquello’ –apunta Gastón- y cuando el tipo que daba las indicaciones no está más, uno se siente prisionero de su propia libertad”.
El cambio, sin embargo, fue posible: a los 16 días de permanecer día y noche en la fábrica los trabajadores decidieron hacerse cargo y remontar Mac Body.

La trampa off shore

Cuando la justicia intervino en el caso se supo que los hermanos Silverman habían cometido una serie de irregularidades –crear tres sociedades off shore en Uruguay para desviar fondos, no pagar los aportes previsionales, etc- por las que se declaró el concurso de la empresa.

Gastón rememora los inicios de la gestión obrera: “A la gente del juzgado N* 14 les rendíamos cuentas peso por peso. Nadie se llevaba nada. Empezamos a trabajar y a los tres meses nos asignan la co- administración: la empresa quedó a cargo de los trabajadores y el juzgado. Venían, miraban las cuentas y como estaba todo bien, no hubo problemas”.
En tanto, el trabajo llegaba de a poquito. Los dueños habían dejado colgados a muchos clientes que pagaban con anticipación las colecciones. El presidente de la cooperativa cuenta: “El dueño no pudo cumplir con este compromiso porque no pagaba las telas y dejaron de vendérselas. Eso fue una gran piedra en el camino porque nosotros íbamos a comprar dos o tres rollos en efectivo y nos decían: ¿Quién paga las deudas de Mac Body?”.
Los trabajadores se hacían idéntica pregunta: “A pesar de esto, nosotros avanzábamos: los dueños no aparecían y el juzgado nos dejaba hacer, pero no teníamos nada definido”.

El arte de expropiar

Recién entonces decidieron comenzar los trámites para conformar una cooperativa y no perder la producción. Marcelo señala: “A partir del sexto mes cuando se vence la co-administración, la fábrica pasaba a ser administrada por el juzgado y nos querían cobrar una especie de alquiler. Nos juntamos en el estudio de nuestro abogado y dijimos: ‘Muchachos, ahora le vamos a tener que tomar la fábrica al juzgado’. El juzgado se asustó y fue para atrás con esas intenciones. En ese momento, sentamos un precedente: nos dieron la matricula sin tener la quiebra”.
El 29 de noviembre la Legislatura de Buenos Aires anunció la expropiación de la empresa a favor de los trabajadores. Tres meses después se declaró la quiebra fraudulenta de la empresa de los hermanos Silverman y ahí, si, con todas las de la ley, comenzó a funcionar la Cooperativa Trabajadores de Mac Body .

Saltando las piedras

“Acá vienen chicos que estudian sociología, periodismo y nos dicen: ‘Que bueno lo que están pasando ustedes’ Para ellos es fácil decirlo, pero los quisiera ver de mi lado, ver en la práctica dónde se paran. Esto no es color de rosa” resume Marcelo. La idea queda flotando en el silencio, y Gastón habla para completarla: “Discutimos mucho en un sentido positivo y constructivo. Hacemos una reunión de Comisión Directiva una vez por semana y tenemos una sindica que se reúne cada quince días con los asociados para que todos estemos informados de cómo marchan las cosas. Nosotros apostamos a mantener esto claro y en orden por el bien de todos”.

Dicen, a modo de ejemplo, que todavía no pudieron ajustar los sueldos al costo de vida, pero que su apuesta a largo plazo es conseguirlo. “Empezamos en marzo y todavía no logramos generar una ganancia, cada mango que se hace se reinvierte. –explica Gastón- Nos juntamos y decidimos la compra de telas, si sacamos un crédito, si conviene hacer esto o aquello. Tenemos un reglamento que hicimos en base a decisiones en conjunto: acá nadie es dictador de nadie. Lo bueno es que nosotros sabemos cuales son las piedras en este camino, saltarlas o chocarlas depende de nosotros”.


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domingo, 21 de diciembre de 2008

Firme junto al capital

Canal 13: Una batalla ganada al miedo

Katy García - Carlos Saglul (PRENSA RED - ACTA)

Los trabajadores de la televisora perteneciente al poderoso grupo Clarín, eligieron ayer a sus representantes gremiales. La comisión interna quedó integrada por ocho delegados gremiales, entre los que figuran dos despedidos. Votó más del 50% del padrón. Denuncian que en el canal "se vive como durante la dictadura".



Los trabajadores de prensa de Canal 13, perteneciente del Grupo Clarín, lograron por primera vez en 15 años, elegir a sus representantes gremiales. Más de cien compañeros votaron ayer como delegados a Hugo Molini, Brian Csenne, Flavio Vogel, Pablo Ferreira, Carolina López Condra, Federico Findelkstein, Marcelo Moreyra y Ricardo Junhanns. De esta manera pudieron cumplir con el derecho constitucional, violado sistemáticamente por el poderoso grupo empresarial, de elegir a sus representantes gremiales

Pese a los impedimentos que la empresa fue poniendo durante todo el proceso y cuyo punto más álgido fue el despido de dos candidatos a delegados, se logró realizar la elección. Tuvo que intervenir el Ministerio de Trabajo de la Nación para que se concretara el sufragio porque la empresa condicionó su realización a la presencia de un veedor.

El Grupo Clarín es considerado por sus empleados como "un bolsón de ilegalidad" por cuanto no respeta el Convenio Colectivo de Trabajo ni el Estatuto del Periodista. No paga horas extras ni bonificaciones, entre otras irregularidades, que se venían planteando mientras se organizaban gremialmente para defender sus derechos.

"Además de la libre agremiación luchamos por el cumplimiento de otro derecho que es el ejercicio de la libertad de expresión", sostuvo a Prensared el delegado electo, Ricardo Junhanns, quien fuera despedido junto a Marcelo Moreyra, una vez que se conoció que eran candidatos a delegados.

La presencia de representantes gremiales dentro del grupo comunicacional más poderoso del país, es una apuesta muy fuerte de los trabajadores a la participación y defensa de un proyecto colectivo que les permita defender derechos sindicales elementales y constitucionales. Entre ellos, figura la reincorporación de unos 15 trabajadores despedidos sin causa en lo que va de este año y el cumplimiento del Convenio Colectivo de Trabajo

La elección

Pese a los despidos, el clima de miedo, con dos de los ocho candidatos a delegados cesanteados y con prohibición de ingresar al edificio de la emisora, los trabajadores de Canal 13 votaron masivamente para elegir la comisión interna de la Unión Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA-CTA).

Edgardo Miranda de la conducción de la UTPBA, señaló a Acta que "es un avance importantísimo de los trabajadores, ya que después de 15 años, es la primera vez que podemos hacer una elección dentro del Grupo Clarín. Hay un sabor amargo, es el de los quince compañeros despedidos y una batalla por dar: lograr la reincorporación de los dos delegados cesanteados".

Miranda subrayó que hasta último momento la empresa trató de impedir la elección. "Pidieron la presencia de un veedor del Ministerio de Trabajo para dejarnos entrar. Estaban seguros de que no vendría. Alardeaban con ello, pero finalmente apareció. Sirvió para que labrara un acto sobre las condiciones en que se llevaba a cabo en acto comicial", enfatizó.

Según pudo constatar ACTA, la única urna que la empresa dejó ingresar al Canal 13 fue puesta frente a una cámara de seguridad de manera que los votantes supieran que estaban siendo monitoreados. "Y fijate, que pese a todo, la gente vino y voto. Sobre un padrón de mas de 200 compañeros se obtuvieron 104 votos".

Una segunda urna fue instalada en la calle. En ella debieron votar los delegados cesanteados, junto a otros compañeros que preferían no ser registrados por las cámaras de la patronal ya que "hay rumores de despidos que se pararon con esta elección", informó uno de los votantes.

"En Canal 13 vivimos como durante la dictadura"

Las batallas más duras son las que se dan cuando es difícil lograr la victoria concreta, pero igual hay que pelear porque el objetivo de mínima es mantener viva una idea, en este caso: la del respeto por los derechos laborales y la libertad sindical.

Ricardo Junhanns, cesanteado por el Grupo Clarín pero a pesar de ello, elegido como delegado por sus compañeros, fue muy conciente del desafío cuando inició esta batalla en Canal 13.

-¿Fue duro llegar a esta instancia?

- Apenas presentamos la primera lista de afiliados en el Ministerio de Trabajo supimos que la cosa vendría dura. Nos metieron quince despidos. Hicimos una asamblea en la puerta de Canal y seguimos adelante. Ellos responden despidiéndonos a los dos referentes del proceso organizativo. No es fácil, luchar con el miedo cada día. Nos organizamos en la más absoluta clandestinidad. Sentía que de puertas para adentro, en Canal 13, todavía se vive como durante la dictadura.

¿Cómo son las condiciones de trabajo?

- No respetan el Estatuto de Periodista. De derechos convencionales ni hablemos. Hay jornadas de 9 horas. No reconocen francos compensatorios. Hay compañeros que hace años no tienen un sábado y domingo juntos. No hay merienda. No se cumplen las recategorizaciones, Hay gente en negro y pasantes que hacen la tarea de efectivos.

-¿Y en cuánto a la sindicalización?

- Lo peor es la violación a los derechos constitucionales. ¿Cómo puede ser que la empresa deje asentado en un acta en el Ministerio de Trabajo que no va a aceptar la elección si la cartera laboral no manda un veedor. Clarín y Canal 13 le dice al Ministerio lo que tiene que hacer. ¿Donde se vio?

-Debe ser el único conflicto donde habiendo despidos no se aplicó la conciliación obligatoria.

- Estamos hablando de un grupo económico muy fuerte y con total impunidad. Romper el cerco informativo no es fácil. Ellos siguen mostrándose como una prensa independiente y respetuosa de las reglas democráticas.

-¿Cuál es la estrategia detrás del miedo?

- Están armando todo un diseño de multimedio. Hablan del nuevo perfil del periodista. Lo que imaginan es poca gente súper explotada que les permita con la mitad de la personal llevar adelante todos sus productos.

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jueves, 18 de diciembre de 2008

Sueñan los androides con escritores muertos?

(para bajar un poco) Excelente texto de Gamerro del Radar del Domingo

La realidad no es la única verdad x Carlos Gamerro

Este diciembre se cumplen 80 años del nacimiento de Philip K. Dick. Pero mucho más importante que la efemérides es la rotunda vigencia de su literatura en el imaginario del presente y el futuro que el cine inspirado en sus libros ha construido en los últimos treinta años. Por eso, recorrer esas películas es recorrer el pensamiento del escritor que, como un “Borges casero y americano” (en palabras de Ursula K. LeGuin), anticipó uno de los mayores dilemas filosóficos de nuestra época: el reemplazo del mundo real por el virtual.



No es necesario argumentar que todo el cine de ciencia ficción que importa, de los ’80 a esta parte, consta de adaptaciones de la obra de Philip K. Dick; basta con enumerar: la serie empieza con Blade Runner (1984) la película de Ridley Scott que les señalaría el rumbo a todas las siguientes; sigue con la también clásica Total Recall (1990) de Paul Verhoeven (conocida entre nosotros como El vengador del futuro), Minority Report (2002) de Stephen Spielberg y A Scanner Darkly (2006) de Richard Linklater, sin dejar por el camino a las menos influyentes Screamers (1995) e Impostor (2001), Paycheck (2003) de John Woo y la más reciente Next (2007), de Lee Tamahori. A éstas se agregan dos adaptaciones no reconocidas: The Truman Show (1998) de Peter Weir, inspirada por Tiempo desarticulado (1959) y Abre los ojos (1997) de Alejandro Amenábar, que incorpora muchos elementos de Ubik (1969). Las películas que no están basadas en ninguna obra de Dick en particular, pero que resultarían impensables sin el universo ficcional que éstas construyeron, incluyen a las dos primeras Terminator (1984 y 1991) de Cameron, la tres Matrix (1999 y 2003) de los hermanos Wachowski, eXisTenZ (1999) de David Cronenberg, e Inteligencia artificial (2001) de Spielberg.

Sería cuestionable este recurso de justificar a un escritor a partir de las adaptaciones cinematográficas de su obra, si no se tratara de este escritor, y de este género en particular. Desde su invención, el cine se ha convertido en el medio “natural” de la ciencia ficción; el que mejor acomoda sus recursos formales (todos esos gadgets que resultan tan ridículos cuando son nombrados y tan atractivos cuando meramente vistos) y vehicula sus efectos sociales: en literatura, la ciencia ficción no ha dejado de ser un subgénero para fans y freaks, mientras que las pantallas grandes o chicas han logrado convertirla en un género mainstream, y es a través de éstas que ha entrado en la imaginación colectiva y contribuido a modelar nuestro mundo. Pero éste, además, era un escritor descuidado, obligado a escribir rápido, por poca plata, para un público poco exigente; de no ser por el cine, nunca hubiera pasado de mero autor de culto.

A Hitchcock le gustaban las novelas con buenas ideas, con buenas tramas, con personajes planos que pudieran servir de soporte a las acciones más disímiles, de una ejecución desmañada o incompleta que le permitiera al director lucirse y convertirse en el verdadero autor; y a Dick, que no llegó a ver ninguna de todas esas adaptaciones (murió de un infarto cuatro meses antes del estreno de Blade Runner), no le hubiera molestado la paradoja: después de todo, una de las figuras más habituales en su obra es la de la copia o la versión que llega a ser más fiel, más verdadera que el original. Dick fue el único (con la posible excepción del polaco Stanislav Lem) que la pegó con lo que sería el tema dominante de la ciencia ficción futura –es decir, la actual: ni los viajes al espacio ni el control de los individuos por el Estado ni el contacto con extraterrestres (aunque todos estos motivos aparezcan en su obra), sino el gradual reemplazo del mundo real por el mundo de las representaciones y las réplicas; la era del simulacro y la simulación virtual–.

La buena ciencia ficción es siempre filosófica. Dick estudió filosofía en la Universidad de Berkeley, y si su obra está recorrida por preocupaciones metafísicas y éticas, el eje está puesto en el tema del conocimiento y es la filosofía del obispo irlandés la que guía sus indagaciones. “Comprenderla [a la doctrina de Berkeley] es fácil; lo difícil es pensar dentro de su límite” observa Borges en su “Nueva refutación del tiempo”; Dick se dedicó a ejercer tozudamente esa dificultad. Su obra plantea una y otra vez cómo vivir en el mundo cuando de lo único que podemos dar fe es de la realidad de nuestras percepciones, y cuando éstas, en un contexto de memoria falible, drogas psicotrópicas y manipulación informativa, resultan cada vez menos confiables. Su obra se ve recorrida por tres preguntas acuciantes, o la misma pregunta que se expande en círculos concéntricos: ¿Qué es la identidad personal? ¿Qué es lo humano? ¿Qué es lo real? Y una más que las abarca: ¿Cómo saber si las respuestas que damos a esas preguntas son verdaderas o son fruto de un engaño al que nos someten y sometemos? Si hay un dios en el mundo de Dick, es el genio maligno de Descartes.

En cuanto a la primera pregunta, Dick, como el Inmortal de Borges, sabía que la identidad personal es un constructo que depende de una de las más frágiles y falibles de nuestras facultades, la memoria individual. Douglas Quail, el protagonista de “Podemos recordarlo por usted al por mayor”, imposibilitado de cumplir su sueño de viajar a Marte como agente secreto, contrata los servicios de una compañía que le implantará la memoria artificial (pero que él vivirá como auténtica) de haber estado allí. Pero en el transcurso del implante los técnicos descubren que se trata de un verdadero agente secreto que efectivamente ha estado en Marte, cuya memoria, borrada por sus empleadores, es decir, empujada a su subconsciente, reemerge ahora, activada por el implante. Luego de este auspicioso comienzo, el cuento de Dick se desbarranca. La inteligente adaptación de Paul Verhoeven, Total Recall, lo toma en ese punto y le da un giro inevitable (así lo hubiera visto el propio Dick, si se hubiera tomado un par de días más para pensarlo): Quail recibe un mensaje grabado de su yo original, Hauser, quien le explica que es apenas el sueño de otro hombre: un personaje, creado por él cuando decidió volverse contra Cohaagen, el villano que domina Marte. Pero luego Quail descubre que lo han usado como señuelo para eliminar al líder de la revuelta marciana, que todo ha sido un plan de Hauser y Cohaagen. Quail se rebela y logra evitar que le reimplanten la memoria de Hauser: así, en una vuelta de tuerca al clásico tema del doble, la copia “buena” termina derrotando al original “malo” y reemplazándolo. “Un hombre es quien es por sus actos, no por su memoria”, escucha Quaid en un momento decididamente existencialista de la película y, a pesar de su formulación ciertamente más banal, este deslizamiento desde la metafísica a la ética puede traer a la mente al Cruz de Borges, que abjura de su pasado y se ve a sí mismo “en un entrevero y un hombre” (“Biografía de Tadeo Isidoro Cruz”).

Si 2001, Odisea del espacio (1968) es el broche de oro de la larga tradición épica del cine de ciencia ficción optimista, que nos vaticina un futuro pulcro y aséptico a través de una pantalla renacentista (el mismo Kubrick intentaría salirse del modelo desperdigando un poco de basura en los sets todavía demasiado limpitos de La naranja mecánica), la nueva era se inicia con el cine de Ridley Scott: con Alien, pero sobre todo con Blade Runner, basada en la novela de Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968): una pantalla decididamente barroca, degradación, decadencia, óxido y mugre (¿por qué, después de todo –la pregunta era tan obvia que uno se pregunta por qué nadie se la había hecho antes– una nave espacial en uso va a estar menos sucia y oxidada que un viejo barco de carga?). Esencial a este modelo es el cruce, en Blade Runner, con el otro gran aporte de la literatura pulp, el género negro: Scott convierte a Deckard, el protagonista, en un Philip Marlowe del siglo XXI, completo con su impermeable y la narración en off, que desaparece del “director’s cut” –-no necesariamente mejor que la versión originalmente estrenada–. El mundo de Blade Runner está saturado de copias; copias de animales (que se han extinguido) y de seres humanos: la memorable escena inicial presenta un test que permite reconocer a los androides, aquí llamados replicantes, de los humanos, por la ausencia de ciertas reacciones emocionales; notablemente, la empatía (la posterior Inteligencia artificial da vuelta el dilema: ¿qué si un androide es programado para una vida emocional sin límites?). Los replicantes tienen un plazo de vida mucho más corto que los humanos; Deckard, encargado de “retirarlos”, termina enamorándose de Rachel, nuevo modelo sin fecha de vencimiento y que, para peor, no tiene conciencia de serlo, pues le han implantado una memoria artificial, “humana” –lo cual tiene el molesto efecto colateral de introducir en cada ser humano un principio de incertidumbre: ¿Si un androide puede no saber que no es humano, cómo puede un humano saber si no es un androide?, situación análoga a la de esos soñadores borgeanos que se preguntan si no serán, ellos mismos, el sueño de alguien–. Finalmente Deckard es perseguido por el más cruel y despiadado de los androides, pero éste (inolvidablemente interpretado por Rutger Hauer) decide, antes de morir, salvarle la vida. Nuevamente, no es la factura ni la memoria lo que determina la pertenencia al género humano, sino la presencia o ausencia de esa cualidad tan elusiva denominada “humanidad”: aquí, la compasión, el respeto por la vida en todas sus manifestaciones. No se nace humano o androide, se elige serlo: y en un mundo donde tantos humanos lo olvidan, son los androides los encargados de recordarlo. El título Blade Runner, tanto mejor –más cortante– que el de la novela original, fue tomado (con permiso) de un texto de William S. Burroughs, ínfimo dato que resume una diferencia fundamental entre los dos autores más sostenidamente geniales de la ciencia ficción moderna. Burroughs era, fundamentalmente, un escritor, un artífice de las palabras: su prosa es de las más ricas que la lengua inglesa, y su experimentación formal con las posibilidades del azar lo ponen a la par de John Cage y los surrealistas. Para Dick, las palabras nunca fueron más que un medio, y también por eso es fácil considerar sus novelas como obra en tránsito y las películas como punto de llegada.

En A Scanner Darkly, novela que en muchos aspectos es un retrato bastante fidedigno de la clase de vida que Dick llevaba en la California de los ’70, el protagonista, Bob Arctor, sufre una disociación psicótica producida por, a saber: la droga conocida como “Sustancia D” (por Death); su doble vida como Fred, el agente encubierto de narcóticos; y el uso de un “traje mezclador” que vela su apariencia ante la mirada de los demás y, eventualmente, ante la suya. Fred, cuya identidad como Arctor es desconocida hasta por sus propios jefes, es enviado a investigarse a sí mismo: mientras la disociación se mantenga operativa, ambos pueden llevar sus vidas separadas; pero cuando Fred se entera de que Arctor es él mismo, termina “quemado”. La novela se hace eco de la paranoia generalizada de los años de la Guerra Fría y del macartismo, y de la más específica del propio Dick, que se creía vigilado por el FBI (todo indica que estaba en lo cierto; como alguna vez dijo Burroughs, “paranoia es cuando uno tiene todos los datos”). La película de Richard Linklater se realizó con la técnica que el director había desarrollado para su anterior Waking Life (2001), sobre un tema análogo, la relación entre los sueños y la vigilia: los actores son filmados de la manera habitual y luego los animadores trabajan este metraje digitalmente. Algunos actores, como Keanu Reeves y Robert Downey Jr., siguen siendo fácilmente reconocibles; otros, como Woody Harrelson o Winona Ryder, se ven muy cambiados. Cuando a la figura animada de Keanu Reeves se le superpone, además, el “traje mezclador de Fred”, la técnica se revela como sentido: tanto a nivel de la forma visual como de la trama, sucesivas capas de representación van recubriendo un cada vez más remoto original, sin que falten las inversiones y las paradojas; entre ellas, la del impostor que en un programa de TV cuenta cómo se hizo pasar por un gran cirujano, un físico de Harvard, un Premio Nobel de Literatura y un presidente argentino depuesto casado con –aquí se interrumpe la lista–. ¿Cómo lo hizo? pregunta Arctor. No lo hizo, es la respuesta. No tuvo que tomarse el trabajo de hacerse pasar por ninguno de ellos. Hizo algo más fácil: se hizo pasar por impostor en el programa de TV.

El título es una revisión tecnológica de 1 Corintios 13:12, cita bíblica que cifraba las esperanzas del autor: “Ahora vemos por espejo, en oscuridad; mas entonces veremos cara a cara; ahora conozco en parte; mas entonces conoceré como soy conocido”, y es a partir de ella que la novela trasciende la denuncia de la manipulación y de la vigilancia para adentrarse en el terreno de la preocupación metafísica: “Si el scanner ve apenas en oscuridad, como yo, entonces estamos malditos, y otra vez malditos como siempre lo hemos estado; terminaremos todos muertos, sabiendo muy poco, y lo poco que sepamos estará equivocado”. Si no podemos sustraernos a la vigilancia del Estado, parece decir Arctor, al menos nos quedaría el consuelo de que esa vigilancia quizá pueda ver en nosotros claramente: ¿pero qué sentido tiene la vigilancia si el scanner ve tan oscuramente como nosotros, si no hace más que generar sus propios fantasmas? El problema con un reflejo, le explican en otro momento de la novela, no es que no sea real (nada lo es, y si lo es, no tenemos manera de distinguirlo de sus copias o representaciones) sino que está al revés. Vemos el universo al revés, y sólo Dios, como explica San Pablo, podrá corregir nuestra mirada (el Dios de Dick, aquí, cumple la misma función gnoseológica que el de Borges: la de dar la medida del desconocimiento humano).

Dos películas toman como eje las paradojas inherentes a la adivinación del futuro, que la literatura viene explotando desde Edipo rey de Sófocles en adelante. En el mundo de The Minority Report (1958) el crimen ha sido eliminado, porque la fuerza policial, que interpretando las murmuraciones de tres autistas o “precognitores” capaces de ver el futuro inmediato, puede arrestar al criminal antes de que cometa su crimen: si bien el cuestionable fundamento ético del procedimiento es tratado en los diálogos, lo que estructura la trama no es el dilema ético sino una paradoja lógica: un “precognitor” predice que el director del departamento cometerá un asesinato; éste, al saberlo, intentará evitarlo, conducta que ya ha sido predicha por un segundo “precognitor”; el tercero incorporará las predicciones de los otros dos para hacer una tercera predicción. El futuro se fragmenta y subdivide, creando tiempos y mundos a la manera de “El jardín de senderos que se bifurcan”. La adaptación de Spielberg, en este caso, no es ni una recreación integral, como Blade Runner, ni la continuación feliz de un argumento inconcluso, como Total Recall, sino mero maquillaje, consistente en el agregado de elementos melodramáticos (la historia del hijo secuestrado) y de un final feliz para los “precognitores” (cuya situación lo tiene a Dick más bien sin cuidado). Todo lo que importaba, en este caso, estaba completo en el relato original.

La película Next, del director neocelandés Lee Tamahori, basada en The Golden Boy, es una variación más simple de la misma lógica. El protagonista es un vidente verdadero que se hace pasar por mago de vodevil (otra inversión barroca, a la manera del imitador antes mencionado); el concepto central: “cada vez que echamos un vistazo al futuro, éste cambia, porque lo hemos mirado” es el mismo que en el relato anterior. La película, protagonizada por un anodino Nicholas Cage y una deslucida Julianne Moore, pronto se convierte en mero soporte de explosiones y persecuciones; cerca del final, previsiblemente descubrimos que todo lo que hemos visto no fue sino una de las visiones anticipatorias de Cage, que al saber que todo termina mal elige otro camino y llega a un desenlace más feliz. Cerca del final se incluye una secuencia que parece inspirada directamente en Borges: Nicholas Cage anticipa su recorrido por los pasillos de una intrincada fábrica, y en cada encrucijada se bifurca o trifurca en nuevos Nicholas Cage que exploran todos los recovecos para descubrir de dónde saltarán, en los distintos futuros inmediatos, los ahora agazapados terroristas.

Quizás a causa del prejuicio hitchcockiano antes mencionado, las dos mejores novelas de Dick nunca fueron llevadas a la pantalla. El hombre en el castillo es su primera novela lograda, y la muestra de lo que el autor era capaz, cuando se tomaba su tiempo. Dick toma un género deleznable, el de la historia alternativa, y dentro de sus parámetros, la más predecible de sus preguntas: ¿Qué hubiera pasado si los alemanes y los japoneses ganaban la Segunda Guerra? La respuesta es: unos Estados Unidos divididos en Costa este ocupada por Alemania, Costa oeste ocupada por los más moderados japoneses, y un área “neutral” en el centro. ¿Qué distingue a esta novela de otros ucrónicos bodrios perpetrados a posteriori, como La solución final, de E. Norden, o Fatherland, de Robert Harris? Fundamentalmente, sus juegos barrocos. Puesta en abismo, primero: en el mundo ficcional de la novela, un autor, Hawthorne Abendsen (nombre significativo, el primero), escribe una novela de historia alternativa, La langosta se ha posado, que imagina lo que hubiera sucedido si los aliados ganaban la guerra. Esta lógica, a su vez, se subordina a otra: tanto una versión como la otra son meras posibilidades de un azar combinatorio sistemático, aquí manifestado en los hexagramas del I Ching, que crean distintas realidades posibles. Finalmente, la inversión: los protagonistas de la novela descubren, gracias al I Ching, que viven en un mundo de ficción, y que en el real, los aliados ganaron la guerra; lo cual parece sugerir que hemos vuelto al punto de partida, con la salvedad de que el mundo de La langosta no es igual al nuestro, los aliados ganaron de distinta manera (fracasa el ataque a Pearl Harbor, japoneses y alemanes luchan por separado), o sea, según otro hexagrama. Estas paradojas metafísicas tienen su correlato ético: Dick intenta, no conciliar, porque son en esencia inconciliables, sino poner lado a lado dos concepciones incompatibles sobre el bien y el mal: la taoísta de los japoneses, según la cual el mal es relativo, el yin del yang, parte ineludible y hasta virtuosamente necesaria del equilibrio del universo; y la que parecen encarnar los nazis, la de un mal de existencia independiente, que aspira a derrotar al bien y reinar supremo.

En Ubik los dos reinos que se cruzan en la conciencia de los protagonistas son los de la vida y de la muerte. En el futuro, la ciencia logra prolongar la vida psíquica varios meses después de la muerte del cuerpo. Un equipo de agentes (telépatas, precognitores, etc.) es víctima de un atentado en el que muere su jefe. Pero luego el mundo que habitan sufre extrañas degradaciones, parece fugar hacia el pasado (otro tema favorito de Dick, la regresión temporal): finalmente los agentes entienden que son ellos los que han muerto, y su jefe sobrevivido. Ubik nunca fue llevada al cine (aunque hay rumores de que esto sucedería en 2009), o tal vez, nunca ha dejado de serlo: esta confusión del muerto que sueña el sueño de la vida ha sido explotada en muchas películas recientes, las más notables Sexto sentido y, nuevamente de Alejandro Amenábar, Los otros.

Se suele culpar al mercado de la ciencia ficción de los ’50-’70 por la baja calidad de los escritos de Dick, y por esa hiperproductividad obligada que, entre otras cosas, lo llevaría a la muerte. Pero lo cierto es que él eligió ese medio como el más adecuado a su temperamento e intereses. Por un lado, Dick era un escritor compulsivo (como lo prueban las miles de páginas de su Exégesis, el diario que llevó durante los últimos ocho años de su vida, intentando explicarse una experiencia mística alcanzada o padecida el 3 de febrero de 1974). Por el otro lado, tomaba demasiadas drogas. Ultimo y principal, tenía demasiadas ideas. Borges también, pero como era mucho mejor escritor, descubrió –o creó– un vehículo adecuado para su inventiva: el cuento-resumen, el cuento que, como el tratamiento cinematográfico, condensa en dos o tres páginas el argumento de una novela. “Desvarío laborioso y empobrecedor el de componer vastos libros; el de explayar en quinientas páginas una idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos. Mejor procedimiento es simular que esos libros ya existen y ofrecer un resumen”, escribió en su prólogo a Ficciones. Dick, en cambio, se propuso escribir esos libros, a razón de tres por año. No es casual que haya terminado, como tantos de sus personajes, friéndose el cerebro.

A lo largo de este texto he insistido, algo machaconamente, en los paralelismos entre la obra de Dick y la de Borges. No soy el primero en hacerlo: nada menos que Ursula K. LeGuin ha visto en él a “un Borges casero y americano”. Dadas todas estas coincidencias, resulta sorprendente considerar que quizá nunca se hayan leído: yo, al menos, no he logrado encontrar ninguna prueba al respecto. El encuentro no era de antemano imposible: Borges era un lector bastante asiduo del género, como lo prueban sus prólogos, entre otros, a las obras de H. P. Lovecraft, Ray Bradbury y Olaf Stapledon; y el norteamericano podría haberse cruzado con los escritos del sudamericano sobre todo a partir de los ‘60, cuando empiezan las traducciones al inglés: William Gibson, uno de los fundadores del ciberpunk y por lo tanto discípulo directo de Dick, describe la experiencia fundante de leer a Borges en su adolescencia como la de quien recibe una instalación de nuevo software en su cerebro. ¿Qué explicación dar, entonces, a tan marcadas coincidencias? Una hipótesis ficcional podría presentar a Dick como la copia imperfecta, en un universo degradado, de la suprema y por momentos inhumana perfección borgeana, un replicante que salió fallado de fábrica y es, por eso, por momentos, más humano. Otra, más histórica, debería recordar que ambos abrevaron en las mismas fuentes: los textos de los gnósticos, aquellos teólogos de los primeros siglos de la cristiandad que entre el Dios omnisciente, omnipotente y bondadoso y esta inexplicablemente fallida creación y criaturas, insertaron una pululación de deidades intermedias, torpes demiurgos o hacedores incompetentes, locos o meramente malignos.

Lo más importante, de todos modos, es que Borges y Dick, cada uno a su manera, exploraron lo que desde hace cuatro siglos se ha vuelto, crecientemente, nuestro tema: el reemplazo del mundo “real” por las representaciones del mundo. Desde el barroco en adelante, una serie de artistas y escritores tomaron conciencia de esta división entre el mundo y sus representaciones: entre las cosas y las palabras, entre el modelo y el cuadro, el objeto y su reflejo en un espejo, la vigilia y los sueños, el mundo y el teatro, la locura y la cordura, la percepción y las memorias que de ellas guardamos. Cervantes, Calderón y Velásquez, por mencionar sólo a los más prominentes, se hicieron cargo de explorar las discrepancias cada vez más notorias entre los dos órdenes, y al explorarlas, ahondarlas, y multiplicar sus paradojas. Fue Borges el encargado de trasladar este repertorio de figuras a nuestro tiempo y continente, manteniéndolo básicamente inalterado; y fueron Bioy Casares y Cortázar quienes cruzaron el límite hacia la ciencia ficción, explorando algunas de las paradojas inherentes a los nuevos modos de reproducción mecánica (la fotografía, en ambos; la reproducción total de todas las percepciones en La invención de Morel). Pero si alguien exploró sistemáticamente todas las opciones que las nuevas tecnologías ofrecían, tanto las efectivamente realizadas (cine, computación, robótica) como las todavía imaginarias (implantes de memoria, biónica), ése fue Philip Dick. Adecuadamente, entonces, fue una de estas tecnologías, el cine, y no el viejo medio del papel y la tinta, que hizo de sus imaginaciones un engranaje fundamental de la nueva maquinaria del mundo.

Como Leibniz (que luego se desdijo) y Blanqui en sus respectivas filosofías; como Borges y Bioy Casares en sus ficciones, Dick creía en la existencia simultánea de numerosos mundos posibles, de múltiples realidades “convergentes, divergentes y paralelas”. Sin llegar a los extremos del preceptor Pangloss, versión volteriana de Leibniz, que quería convencernos de que habitamos en “el mejor de los mundos posibles”, Dick era moderadamente optimista, como se desprende de una frase suya que se ha convertido en título de una colección de sus escritos: Si este mundo te parece malo, deberías ver algunos de los otros.

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Ultimos datos sobre Inseguridad

En el anterior post sobre la imputabilidad de los menores un "anonimo" dejó un comment, vean que belleza...
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"En resguardo de los inocentes niños y niñas que habitan la Argentina de la democracia efímera. En repudio al inhumano y 'adulto' proyecto-ensayo que pretende bajar la edad de imputabilidad hasta los 14 años".

Por la Red Nacional de Medios Alternativos (RNMA).


Las muertes de los jóvenes no sólo están determinadas por la desnutrición que emerge en todo el territorio nacional.

Con el hambre y la pobreza crece la deserción escolar, las adicciones a diferentes drogas, la marginalidad, la explotación laboral, la criminalización y avanzan también los proyectos para bajar la edad de imputabilidad.

Inseguridad



El flamante informe anual de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) destaca que durante el mandato presidencial de Néstor Kirchner (2003-2007) y en el primer año de la actual presidenta de la Nación, Cristina Fernández, 1.062 personas fueron asesinadas por las fuerzas de seguridad estatal.

De las 2.557 víctimas fatales de gatillo fácil y cárceles, entre 1983 y fines de noviembre último, "la mitad corresponde a la franja de varones pobres de 15 a 25 años", mientras que "el 32 por ciento del total tenían 21 años o menos".

Los niños de madres desnutridas suelen nacer con bajo peso. Si su desnutrición se mantiene lentifican su crecimiento y desarrollo, tendrán baja estatura, una maduración sexual tardía, más anemia, dificultades en el aprendizaje y menor desarrollo intelectual. La desnutrición debilita los sistemas inmunitarios, los niños se enferman más veces con enfermedades que evolucionan con mayor gravedad, con patologías que llegan a la discapacidad mental en su gran mayoría. Aumenta en todas las edades la probabilidad de morir. Se estima (no hay cifras) para Argentina que la mortalidad infantil de nuestra población más pobre triplica la de población más rica, y que su esperanza de vida es unos veinte años menos.


Un informe realizado por UNICEF y la Secretaría de Derechos Humanos denuncia que alrededor de 20.000 niños, niñas y adolescentes están privados de su libertad en la Argentina. El 87,1% está internado por situaciones de riesgo y sólo un 12,1% por causas penales. El informe no incluye los 3.438 chicas/os que están institucionalizadas/os en la provincia de Córdoba. Datos contundentes de pobreza extrema y exclusión social.


En la provincia de Buenos Aires, entre los 15 y los 20 años los jóvenes piensan que dentro de cinco años van a estar muertos o excluidos (encuesta del Ministerio de Desarrollo Social). No pueden imaginar el futuro, no tienen esperanza.


Los trabajadores del sector que integra el Instituto Nacional de Medicamentos, Instituto Malbrán, Instituto Nacional de Alimentos y Cenareso, desarrollan medidas de fuerza desde hace varios días.

Los problemas de estructura y condiciones laborales en estos institutos ponen al país al borde de una crisis sanitaria, ya que se dejan de producir y controlar vacunas, se suspende la inspección y pesquisa de medicamentos ilegítimos y de laboratorios productores de medicamentos, inspección de establecimientos productores de alimentos, suplementos dietarios, control de alimentos para celiacos y de alimentos y leches de planes sociales. También se paralizan las redes de las principales enfermedades infectocontagiosas del país y la producción y distribución de Reactivos para Chagas.


La pobreza y la indigencia llevan a la discapacidad. Mas de 200 mil menores discapacitados no tiene el Certificado de Discapacidad. Esto les impide acceder a la cobertura integral de las prestaciones sanitarias y sociales; entre ellas, la provisión gratuita de la medicación y de las prótesis necesarias de acuerdo a su patología. A esta situación se agrega la sistemática obstaculización del ejercicio de este conjunto de derechos por parte de las Obras Sociales Sindicales y de las Entidades de Medicina Prepaga como de los Gobiernos, tanto nacional como provincial.


Marginación

6,3 millones de menores de 18 años son pobres, de los cuales 3,1 millones directamente pasan hambre.

6 de cada 10 chicos viven en la pobreza e indigencia.

4 de cada 10 chicos pasan hambre en nuestro país.

Salud

6,3 millones de chicos no cuentan con una obra social o un plan médico (47,2 por ciento de los menores de 18 años).

25 recién nacidos se mueren diariamente. 14 de ellas son por causas evitables.

9 millones de chicos no tienen derecho a percibir una asignación familiar a través del actual esquema de seguridad social.

203 mil menores hasta 14 años de edad padece algún tipo de discapacidad, ya sea congénita o adquirida, la mayoría de ellas son por causas evitables.

Educación


1,9 millón de menores de 18 años no asisten o nunca asistieron a un establecimiento educativo.

63 por ciento es el nivel de deserción escolar. Más de la mitad de los jóvenes que ingresan al secundario lo abandonan.

10 por ciento de los chicos tienen retrasos en el desarrollo educativo por falta de alimentación en los primeros años de vida.

1,8 millones de menores de 18 años con discapacidad, si bien asistieron en alguna oportunidad a la escuela, están excluidos del sistema educativo.

Trabajo

1, 2 millones de jóvenes no estudian ni trabajan.

70 por ciento de la juventud se encuentra desocupada o en condiciones de precariedad laboral.

4 de cada 10 desocupados tiene menos de 24 años

8 de cada 10 jóvenes que trabajan lo hacen en condiciones de flexibilización laboral (trabajo en negro, contratos basura, pasantías) con jornadas que pueden extenderse hasta 14 horas diarias y magros salarios.

70 mil jóvenes con discapacidad - sólo un cuarto del total - tienen trabajo en forma precaria. Los Estados -nacional y provincial- no cumplen con los cupos de incorporación a planta de personal estatal de dichos jóvenes.

Hábitat


1,2 millón de menores viven en viviendas ubicadas en zonas inundables y otro millón de chicos no tienen agua corriente.

7 millones de chicos menores de 18 años viven en hogares en los cuales los jefes de hogar tienen una inserción laboral precaria.

Sexualidad

105.000 adolescentes dieron a luz en último año.

1 de cada 4 jóvenes mujeres que utilizan anticonceptivos no tiene la suficiente información para el uso de los mismos.

29 por ciento de los embarazos no deseados responden a esta falta de educación sexual en los jóvenes.

Crecen los casos de niñas y adolescentes que son forzadas a la prostitución y a la explotación sexual comercial, la mayoría de las veces con complicidad de las fuerzas de seguridad.


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miércoles, 17 de diciembre de 2008

Cómo tu abogado te recomiendo que...

Bellísimo texto de Juan Forn en la contratapa de hoy de Página 12

El último de los aztecas

Muchos lo conocieron con la cara (y la panza) de Benicio del Toro, en la película que hizo Terry Gilliam sobre Miedo y asco en Las Vegas. Pero su nombre en la vida real no era Dr Gonzo (“mi abogado samoano, ciento cincuenta kilos de gargantuesco apetito por cuantas bebidas, drogas y actividades peligrosas se hayan inventado en este planeta”) sino Oscar Zeta Acosta y, en su breve y rotunda trayectoria profesional, dejó unas cuantas evidencias de que existió, aunque parezca el mejor de los personajes inventados por Hunter Thompson (que no inventó un solo personaje en sus libros, salvo él mismo).



La leyenda dice que Thompson se proponía cubrir una carrera de motos en el desierto de Nevada para una revista deportiva “cuando los ácidos empezaron a hacerme efecto” y terminó inventando él solo la versión hardcore del Nuevo Periodismo, descontrolando Las Vegas con su “abogado samoano” y enviando a Rolling Stone, desde la habitación 1483 del Hotel Flamingo, un manojo de notas delirantes que se convertirían en “la más lúcida e insobornable necrológica de los años ’60” según Tom Wolfe.

Cuando Miedo y asco en Las Vegas apareció en dos entregas sucesivas de la Rolling Stone, ilustradas por el demente Ralph Steadman, muchos pensaron que lo de “abogado samoano de ciento cincuenta kilos” era una joda con la que Thompson retrataba en clave a su compañero de tropelías Steadman, legendariamente expulsado por borracho del periodismo inglés. Pocos repararon, unos meses después, cuando Rolling Stone publicó el siguiente trabajo de Thompson (“Strange Rumblings in Aztlán” sobre el asesinato del periodista chicano Rubén Salazar por la policía de Los Angeles durante los disturbios de agosto de 1970), que el activista que Thompson mencionaba en su nota como “el Malcolm X chicano” (según lo había definido el FBI), el hombre que se atrevía a desafiar en solitario a todo el poder californiano convocando a su colectividad a sumarse a las filas del Brown Power (“Poder Morocho”), era el mismo abogado samoano que tomaba ácidos como confites y proponía fornicar con todo el cuerpo de baile del Caesar’s Palace en Miedo y asco en Las Vegas.

Acosta estudió abogacía de noche, trabajó para la fiscalía de Oakland hasta que se cansó del maltrato a los chicanos, movilizó a su comunidad a participar en actos de desobediencia civil, compartió escenario con Angela Davis y Abbie Hoffman, escribió dos libros que fueron la piedra fundadora de un movimiento literario llamado indistintamente Chicanismo y La Raza, y desapareció de la faz de la tierra en 1974 (algunos dicen que eliminado por la CIA; se lo vio por última vez embarcando en una lancha en la costa mexicana). En una carta le había escrito a Thompson: “Yo uso la ley al límite de sus confines. Quizá esté forjando una nueva ley”. En Miedo y asco en Las Vegas, Thompson le hace decir: “Aquel capaz de hacer una bestia de sí mismo logra acallar el dolor de ser hombre”. Y lo convierte, en ése y varios libros más, en la Brigada Ligera que acude a rescatarlo de cuanto bardo se haya metido (“Hora de llamar a mi abogado samoano”).

Muchos de los mantras-gonzo de Thompson son frases de Acosta, entre ellos el más famoso: “La mente es más poderosa que el cuerpo” (a repetir sin pausa en los momentos “verdaderamente críticos”). Aun así, siempre Thompson negó rotundamente que Acosta tuviera alguna influencia en la creación del Periodismo Gonzo (y después de la de-saparición de Oscar Zeta dijo que “la única razón para describir a ese activista chicano de cien kilos como un descontrolado samoano de ciento cincuenta fue para protegerlo del sistema de Justicia y la policía californianos, que querían su cabeza a cualquier precio”).

Ojalá alguien traduzca algún día los libros de Acosta, especialmente Autobiography of a Brown Buffalo (el otro se llama The Revolt of the Cokroach People), donde hay una escena en que él y Thompson van buscando por el desierto aquella dichosa carrera de motos, en un descapotable, con una chica sentada en medio de los dos, y Thompson (The King, en el libro de Acosta) dice: “Esto tiene que estar lleno de esos caminos para burros que hacen ustedes”. Acosta contesta: “Y de restoranes donde servimos calentitos los gringos que cazamos por ahí”. El Rey dice: “¿Siguen practicando esos ritos, ustedes los aztecas?”. La chica mira a Acosta con los ojos como platos: “¿Usted es azteca?”. Y Oscar Zeta contesta: “Soy el último. Mi familia es todo lo que queda de los aztecas”.

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